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  • María del Carmen Franco Chávez

El Malestar en la pandemia

En los últimos días se ha mostrado a todas luces lo psíquico del ser humano, eso que nos distingue del resto de las especies. La pandemia que está presente en el planeta, a partir del virus (SRAS-CoV-2) que provoca la enfermedad del covid 19. Más allá de si es una estrategia para acabar con la población de la tercera edad o bien para desestabilizar económica y políticamente al mundo y que los grandes capitales salgan fortalecidos, el fenómeno plantea en la vida cotidiana la mezquindad y narcisismo de la especie humana. Analicemos estos ejemplos que pueden o no ser ciertos, pero que señalan sin lugar a dudas las fantasías que subyacen a la pandemia.

La teoría de la conspiración plantea que es una estrategia de los dueños del capital para beneficiarse a través del FMI, la desestabilización de los gobiernos y el endeudamiento de los mismos, refleja que en las fantasías de la gente, está presente que esos órganos internacionales no son lo que pregonan, que no están por la estabilización de la economía, o sí, desde lo que ellos consideran esa estabilización. Un virus del que se dice cualquier cantidad de cosas, esas que circulan en las redes y que en la gente generan, por su posibilidad psíquica, un miedo que no tiene relación con el que miedo interno que no pueden ver.

Como lo decía Freud en “Más allá del principio del Placer”, las fuentes principales de excitación provienen del interior, lo que no implica que uno no deba cuidarse en la realidad cotidiana. Sin embargo, plantear facciosamente noticias falsas, esas paparruchas[1] que se pueden comprar y esparcir a través de los medios electrónicos con la intención de generar pánico y descrédito de cualquier movimiento institucional que se haga, es promover la debacle en todos sentidos a través de lo que está hecho el ser humano y deja ver sin ninguna reserva: lo ominoso de la existencia, la cualidad narcisista, egoísta, destructiva y estúpida. Basta soltar las ideas de una forma sospechosa, para que todos la esparzan incontrolablemente, más aún con las redes sociales.

Son tiempos extraños, donde la amenaza de muerte aunque sea del dos por ciento, no se sabe si le tocará al sujeto específico, acciones que son del todo absurdas como plantear curas con aire caliente de la secadora de pelo que mucha gente habrá hecho, subidas a la red por un “supuesto” médico experto del que no se encontraron datos. Situaciones como la intolerancia e irracionalidad de un hombre mayor que golpeó a una mujer por no traer cubrebocas, es decir, si pensamos que no quería contagiarse, podría haber injuriado a la mujer e irse, pero no, ahí donde no se piensa se es, se es violento y destructivo, parafraseando a Lacan en el seminario diez. No solamente es el miedo a la enfermedad lo que suscita estas acciones, sería entendible desde un punto de vista que se representa en la siguiente fábula árabe:

Un rey árabe atravesaba el desierto cuando de pronto se encontró con la peste. El rey se extrañó de encontrarla en aquel lugar:

– Detente, peste, ¿a dónde vas tan deprisa?

– Voy a Bagdad- respondió entonces ella- Pienso llevarme unas cinco mil vidas con mi guadaña.

Unos días después, el rey volvió a encontrarse en el desierto con la peste, que regresaba de la ciudad. El rey estaba muy enfadado, y dijo a la peste:

– ¡Me mentiste! ¡Dijiste que te llevarías a cinco mil personas y murieron cincuenta mil!

– Yo no te mentí- dijo entonces la peste– Yo sesgué cinco mil vidas… y fue el miedo quien mató al resto.

Es así, pero no solo por miedo a morir por la enfermedad misma, insistimos, sino por las secuelas que traiga y que no son seguras, ¿cuántas personas morirán por hambre o por no ser atendidas? Fantasías terroríficas que envuelven a los sujetos por la incertidumbre del futuro. ¿Qué va a pasar después? Cualquier persona puede pensar: ¿qué va a pasar con mi trabajo?, ¿me despedirán?, ¿me van a bajar el sueldo?, ¿seguirán las ventas igual que antes?, ¿podré pagar la renta?, ¿qué voy a comer la semana entrante o mañana mismo?, el confinamiento recomendado de quienes pueden hacerlo tiene niveles, como bien lo señalan esos recursos que tenemos las personas para reírnos en lugar de llorar llamados memes: nivel 0 ninguna ventana, nivel 1 ventanas, nivel 2 balcón, nivel 3 terraza, nivel 4 jardín, nivel 5 alberca y así sucesivamente.

Todo lo anterior muestra que la vida del ser humano en el planeta es cíclica, es ese eterno retorno de lo igual, porque volvemos a pasar una y otra vez por los mismos lugares tropezándonos con la misma piedra, esa compulsión a la repetición que está ligada a la pulsión de muerte que nos permiten ver con contundencia que eso denominado la esencia humana, la naturaleza humana[2], no tiene movimientos diferentes, siempre hemos sido los mismos desde que el lenguaje nos habitó. Cambian las formas, los recursos, los elementos tecnológicos, pero no la lógica que nos hace seres hablantes.

Veamos tan solo un ejemplo de lo sucedió en una de las pestes que han azotado a la humanidad, la bubónica, que mató alrededor de 50 millones de personas en todo el mundo. Sin contar a la gripe española ni al sida, para ello tomaremos la obra de Daniel Defoe: Diario del año de la peste de l655, para hacer esos parangones que nos definen como seres hablantes.

Si se lee con detenimiento la obra, veremos muchísimas coincidencias entre esa época y la actual. Al principio de la peste, se consideraba que eran los judíos que portaban la enfermedad, por ello se les segregaba y reprimía. También está presente la exclusión del otro como principio, aquellos que no sean como los demás. Que revela algo de la estupidez humana, alguien debe tener la culpa y ser castigado. En este tiempo, las causas son varias: los chinos, castigo de Dios por la homosexualidad, en fin. Los mismos argumentos que se utilizaron en esos años. Los “medicamentos” novedosos e infalibles para la cura de la peste, de los que se aprovecharon muchos vivales, todavía se pueden encontrar en el mercado: curas para el covid, veladoras con poderes para erradicar el virus.

Todavía no sabemos qué es lo que pueda pasar, faltan cosas por acontecer, digamos que falta que toda la gente adquiramos el virus o bien pasen la etapas de su evolución y respondamos como nos sea posible. Es importante tomar en cuenta lo que ha pasado para saber cómo podría ser lo que ocurrirá. Dice la sabiduría popular que las crisis sacan lo peor y lo mejor de los seres humanos. Es posible. Pero en esta sentencia se asume que no hay concordancia entre cada ser humano individual, menos en masa, no hay manera de ponernos de acuerdo, es decir, que lo que se valora por unos en la crisis es deleznable para otros. Así lo que está por venir puede llevarnos a escenas que se han visto en la crisis que hemos tomado de referencia. El ejemplo que cita Defoe es ilustrativo de lo que queremos decir:

Todo sentimiento de compasión se desvanecía. El instinto de conservación parecía, en verdad, la ley primera. Algunos niños abandonaban a sus padres, que languidecían en la mayor aflicción. En otros sitios, aunque con menos frecuencia, los padres se comportaban de igual modo con sus hijos. Ejemplos terribles pudieron verse, particularmente dos en una misma semana: madres insensatas y delirantes que mataron a sus hijos. Una de ellas habitaba no lejos de mi casa; la pobre mujer no vivió lo suficientemente para darse cuenta del crimen que había cometido ni, con mayor razón, para recibir el condigno castigo.

De esta forma, el ser humano que es impredecible, manifiesta su angustia existencial de maneras que no están aceptadas y que van en contra siempre del otro que se vuelve amenazador, amenazante para la vida propia, es como pueden entenderse esas acciones de violencia y discriminación en contra de los médicos y enfermeras, que son los que en algún determinado momento son los que tratarían a esos mismos que los agreden. Por lo que a todas luces no se trata de una circunstancia racional, no, se trata de que se ve amenazada la vida y atacar a quien se interponga, más aun si llevan las insignias de los que están expuestos todo el tiempo al virus, aunque más adelante necesitaran de su auxilio. En el extremo de esas acciones también pueden contarse, por ejemplo, recibir con flores, canciones y carteles a los médicos y enfermeras que comparten el mismo edificio donde se reside.

Parece que a partir de lo que ha logrado el ser humano, sus descubrimientos e inventos, lo que es diferente son las actividades, pero no lo que subyace al ser humano atravesado por el lenguaje, así, puede pasar su tiempo leyendo o pegado a los videojuegos que por cierto han aumentado sus ventas, o bien pregonar noticias falsas gritándolas o por las redes sociales.

Otra de las ambivalencias de la crisis actual al igual que en la que tomamos de ejemplo es la solidaridad surgida en ella: las contradicciones entre las personas, sus creencias, sus posiciones políticas se relajan, se acercan, o por el contrario se utiliza todo lo que acontece para golpear a los adversarios sean políticos, competidores económicos o religiosos. Aparecen las ilusiones, nunca olvidemos que están animadas por un deseo, de lo que sería un mundo sin contradicciones:

Y aquí voy a observar, y espero que no sea inútil detenerse en ello un instante, que los hombres, si supiesen que su muerte está cerca, rápidamente se reconciliarían. Es nuestra seguridad en la vida lo que nos induce a rechazar lejos de nosotros tales cosas, y a ella hay que atribuir las disensiones, los rencores obstinados, los prejuicios, la falta de caridad y la falta de unión cristiana. Otro año más de peste pondría fin a todos los desacuerdos. La visión de una muerte próxima, o de un mal que lleva en sí la amenaza de muerte, libraría a nuestro humor de los malos gérmenes, borraría las animosidades que existen entre nosotros y nos llevaría a ver las cosas con otros ojos. Y así fue como los que formaban parte de la Iglesia se reconciliaron con los disidentes y los animaron a predicar, y los disidentes, por su parte, que habían roto con la comunión de la Iglesia de Inglaterra, causándole un enorme perjuicio, se sintieron dichosos de volver a entrar en sus parroquias y de hacerse al culto que antes habían desaprobado. Pero cuando el terror de la epidemia disminuyó, las cosas volvieron a su curso ordinario, tan poco deseable[3].

Otra de las similitudes entre esa pandemia y esta, es la actitud de la población ante las recomendaciones médicas. Unos haciendo caso de las recomendaciones médicas, otros a fuerza de las recomendaciones policiacas sin llegar a arrestos. Los médicos y los encargados gubernamentales repitiendo hasta el cansancio las medidas sanitarias, si tomamos en cuenta la experiencia de la peste, es posible que en cuanto empiece a bajar el número de defunciones, la gente baje la guardia y relaje las medidas y vuelva un repunte de muertes.

Los médicos se oponían con toda su fuerza a aquel rapto de despreocupación y publicaban instrucciones, que distribuían por la ciudad y los alrededores, aconsejando a los habitantes mantenerse prudentes y echar mano a cuanta precaución fuera posible, pese a la disminución de la enfermedad… …Aquellas audaces criaturas se hallaban tan poseídas por el júbilo, tan contentas de ver la corroboración en los registros semanales de una amplia disminución de la mortalidad, que los nuevos terrores no les hacían mella. Nada podía sacarles de la mente la idea de que la amargura de la muerte ya había pasado. Era como hablar en el desierto. Se reabrían las tiendas, y la gente iba y venía por las calles, se ocupaba de sus cosas y conversaba con el primero que encontraba en su camino, tratárase o no de negocios, sin averiguar siquiera por su salud, sin la menor aprensión, sin temor alguno por el peligro, aunque supiese que se trataba de alguien enfermo. Esta conducta imprudente e irreflexiva costó la vida de muchos de los que, habiéndose antes encerrado con todo tipo de precauciones, retirados de la sociedad, habían permanecido indemnes, por tales medios y por la gracia de Dios, durante todo el rigor de la epidemia.

Es muy probable que se repita lo que ha sucedido en esa pandemia citada, que el ser humano repita interminablemente lo que siempre ha hecho, en estas condiciones es capaz de crear cosas que distraen su angustia como juegos, artes, inventos, lecturas, o bien desatarla hasta querer acabar con el otro, que siempre será querer acabar consigo mismo aunque de forma tímida. De esa forma se entenderán las violencias en las viviendas, más aun en las pequeñas, ya que no es lo mismo estar confinado en un ambiente amable donde el individuo pueda realizar ciertas actividades a un espacio de hacinamiento, donde todos se topen con todos y las tensiones se acumulen hasta que terminen en violencia, incluso hasta llegar a la muerte, sobre todo de mujeres, ya que los feminicidios no se han detenido, al contrario, por esa misma situación han aumentado.

Tenemos claro que todos los estados han sido rebasados por este virus, poniendo en jaque a aquél que se considera a sí mismo como el dueño del planeta: el ser humano. Los organismos de salud pregonan las medidas sanitarias para evitar el contagio. Lo que no sabemos es si la mortalidad rebasará a la capacidad de las instituciones y los contagiados morirán en sus viviendas con todo lo que ello implica. Escenarios terribles que se desconocen.

Por otra parte también son posibles actuaciones tan extravagantes ante la posibilidad de la muerte, como es posible que se presenten cuando se decrete que la pandemia ha pasado, cosas como celebraciones que pondrán en riesgo la vida que recién se había salvado. No tenemos evidencia para pensar que sea diferente.

Otro aspecto para reflexionar es la imposibilidad de respetar los derechos humanos en plena atención de las medidas sanitarias. Es una disyunción, se respetan a cabalidad los derechos humanos, lo cual implica la propagación del virus, o, se extreman medidas sanitarias con acciones que mermarán estos derechos, la bolsa o la vida, no se puede todo.

La reacomodación del mundo.

Es importante señalar que no se habla en este escrito de los cambios a nivel económico, político y social que reacomodarán esas relaciones por los que se disputan el mercado mundial, que también están regidos por las pasiones humanas, por el deseo y su respectivo goce. Esos los habrá de manera que satisfagan las necesidades del gran capital. La disputa por ser el que rija los destinos de la mayoría en el planeta, tendrá su lucha sin tregua por los mercados. Se habla de un reacomodo del mundo como no se había visto, muchos claman por la muerte del capitalismo y cómo esta crisis viene a demostrar que los seres humanos podemos vivir sin adquirir nuevas mercancías. No se sabe, pero es difícil tener ese optimismo. Si la hegemonía no se logra a través de los mercados, para eso están las guerras, que son la expresión más nítida de la perversidad de la humanidad y que abonan a esa conquista del mercado con esas mercancías mismas que todos querrán producir y comprar: las armas. Quien acabe con más vidas será el ganador como lo ha sido siempre, imponiendo su forma de ver el mundo, determinando quién es el modelo, ¿variará de ser el que es hoy?[4] Es imposible saberlo, de lo que estamos seguros es que solo lo sabremos con posterioridad.

Queremos enfatizar que no somos optimistas, como uno de mis maestros enseñaba: “un optimista es un pesimista mal informado”. El ser humano no cambiará en su esencia, en su constitución, o como una analizante decía: “somos los mismos, nada más que encerrados”, refiriéndose a los conflictos entre los que comparten espacios en estos momentos de confinamiento. Y sí, si el psicoanálisis nos ha enseñado algo es que no hay armonía entre el sujeto mismo, siempre estará dividido, que la compulsión a la repetición abona del lado de la pulsión de muerte, que siempre está presente en ese ambivalente existir. Como tampoco creo que sea necesario ser totalmente pesimista, consideremos que en ese devenir de la existencia del ser humano, destruirá y violentará; pero también se creará y en ello, en ese deseo siempre insatisfecho, nos moveremos para tratar de alcanzar lo inalcanzable, pero en ese camino es justo donde pueden crearse nuevas posibilidades porque no todo está dicho.

[1][1] Me gusta más esta palabra del español que las de Fake News.

[2] Que de natural no tiene nada, ya que el ser humano se ha arrancado de la naturaleza en cuanto tal.

[3] El subrayado es nuestro

[4] Hombre blanco, europeo, casado por alguna iglesia, heterosexual, padre de familia, emprendedor, con recursos suficientes.

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