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  • María del Carmen Franco Chávez

Las verdades de Tiresias

Las verdades de Tiresias

Carmen Franco

  1. La violencia estructural

He de confesar que me costó mucho, elegir un tema de entre la amplia gama de posibilidades que existen alrededor de la violencia; pero, como no se puede todo y tenemos que apegarnos a un asunto, escojo hablar sobre la violencia sutil hacia las mujeres. Hay que empezar diciendo que la violencia es consustancial al ser humano estructuralmente, que puede verse violencia -si se quiere- en todos lados, como el hecho de que yo esté ahora hablándoles desde aquí. Sin embargo, hay de violencias a violencias, y cuando nos sobrepasa queremos actuar y no reflexionar, queremos hacer algo y no pensar. Bien lo refiere Zizek, cuando señala que “el horror sobrecogedor de los actos violentos y la empatía con las víctimas funcionan sin excepción como un señuelo que nos impide pensar” (Zizek 2009, p.12), como sociedad pasamos al acto que se nos ocurre, de buenas a primeras, dar limosna por ejemplo, facilitar cursos de catecismo en zonas de narcotráfico, “para que tengan tantito del amor de Dios”[1] o incendiar estaciones de policía.

Pensar antes de hacer, como buen neurótico y evitar lo más posible pasar al acto de la acción, es algo remoto. Tengo una amiga que dice: “pues así nos sale” y sí, así nos salen las cosas, sin pensarlas.

Eso en cuanto a la violencia cruda, la visible, pero ¿y las otras violencias?, ¿las que empiezan porque el ser humano es un hablente? Coincidimos con Zizek en la crítica hacia lo que se interpreta en el refrán: “hablando se entiende la gente”, cuando es precisamente porque hablamos, que se desatan las violencias más sutiles y más virulentas. Esas violencias como las del racismo, el odio, la discriminación en todas sus formas, esas que ofenden al discurso liberal y es lo que, para el ejercicio de las libertades, que tanto pregona el neoliberalismo, se trata de “erradicar”. Sin embargo, en la simbolización se ejerce algo de violencia que opera en varios niveles, así, el lenguaje, dice el mismo autor,

simplifica la cosa designada reduciéndola a una única característica; desmiembra el objeto, destroza su unidad orgánica y trata sus partes y propiedades como autónomas. Inserta la cosa en un campo de sentido que es en última instancia externo a ella (Zizek 2009, p. 79).

El lenguaje tal como lo considera la teoría lacaniana, nos coloca siempre en una asimetría, no hay manera de hablar con otro igual, siempre estamos en una posición desigual. Entonces el lenguaje, que se recomienda para no propiciar la violencia, es violento en sí mismo, porque empuja al deseo dejándolo siempre en su condición de insatisfecho, el objeto a minúscula es ese objeto que causa deseo excesivo y desviado, esa es la violencia del lenguaje, no es posible librarse de eso que viene a trastocarlo todo, pervirtiéndolo, porque pone sonidos que simbolizan casi todo. De esa violencia constitutiva, a la violencia social, media el lenguaje también. No puede ser de otra manera.

  1. La cultura, la exclusión y lo que propone el neoliberalismo

En toda la historia de la humanidad, parece que siempre hay que excluir al otro, toda vez que ese acto es fundacional en el hecho de hacer cultura, los grupos se basan en la exclusión, en la divergencia, como si la violencia hacia la diferencia garantizara la “ilusión” de que el mundo estaría mejor sin ellos, o en el peor de los casos, que es el caso, que existan los otros, pero sometidos como los esclavos, los colonizados, los que no saben, los que tienen un color distinto de piel, los infieles al Dios verdadero, que es el mío, y a los que hay que llevar por el buen camino.

La promoción de las “libertades del hombre” que retoma el neoliberalismo del liberalismo, se hace presente. Sin embargo, en su oposición de lo privado y lo público, se promueve siempre la dominación masculina en formas sutiles, o no tanto, no en balde la consigna feminista de “lo privado es político”. Debido a esta posibilidad de “elegir” en el neoliberalismo, es intolerante con los valores de otras culturas diferentes a las occidentales, donde no hay esa oportunidad de elección, “cuestiones como la ablación femenina, el matrimonio infantil, el infanticidio, la poligamia y el incesto” (Zizek 2009, p.175.). Es decir, que los valores liberales y neoliberales vienen del eurocentrismo, no es gratuito que hayan surgido en aquel continente: “Los Derechos del Hombre” así considerados los Derechos Humanos, más allá del género, se refieren a la libertad de la explotación de unos a otros, e inculcar esos valores liberales, para ejercer la dominación política y económica.

Para este discurso liberal donde “todos somos iguales” y tenemos la misma “libertad”, funciona la eficacia simbólica: “Aquí resulta tentador emplearse el viejo término levi-straussiano de [la eficacia simbólica]: la apariencia de égaliberté es una ficción simbólica que, como tal, posee una eficacia real por sí misma” (Zizek 2009, p.182). Creemos que tenemos los mismos derechos, pero en realidad, solamente es en el documento, en lo simbólico, ya que, en la anomia de las leyes las instituciones están rebasadas por los eventos.

Esta violencia implica las formas más sutiles de coerción, que imponen y reproducen los órdenes establecidos de dominación y explotación. Como la que subyace a todas las ideologías: liberales, comunistas, socialistas, que conllevan una serie de imperativos y prohibiciones, tanto declaradas como tácitas, y que le piden al sujeto completar con sus acciones lo promovido por toda esa ideología, viniera del lugar que viniera, y que invariablemente pregonan que apuntan al crecimiento, la libertad y la dignidad personal.

Existe una premisa básica que precede a todas las ideologías, podemos incluir aquí a todas las religiones las más numerosas (y no tanto), y a las construcciones sociales de avanzada: La cuestionable inferioridad femenina y por ende la cuestionable superioridad masculina que ha subordinado a las mujeres. Como se había mencionado, la igualdad de derechos está contemplada en la ley, pero de hecho la diferencia es relevante. Solo para poner un ejemplo, según la revista Forbes, las mujeres ganan en México, un promedio de 16% menos que los hombres por la misma actividad, con una diferencia en horas trabajadas en el hogar, en promedio de más de 32 (Forbes 2019). Pero hilemos más fino, generalmente en el hogar, son ellas las que están encargadas del óptimo funcionamiento, si algo no está en el lugar que se le busca, se les pregunta. Si la televisión se detiene, se le pregunta, si no hay gas, se le pregunta, si se necesita un martillo, ella debe saber dónde está. Es decir que ellos consideran a sus parejas como sus asistentes, en el mejor de los casos, y como sus propiedades en el peor. Las mujeres deben saber que las necesidades de ellos y de sus trabajos son “mucho más importantes” porque generan el dinero para comer y porque además “son hombres”, por lo tanto las necesidades de ellas deben posponerse.

Una analizante, de alrededor de 40 años, comentaba cada vez que nacía una niña, su padre decía: “otra pinche vieja”, no las miraba como continuidad de su estirpe, ni como la mano de obra que le ayudaría, al contrario, como cargas que debía mantener hasta que se casaran. “¿Para qué quieres estudiar, si vas a tener hijos y estar detrás del fogón?”, le decía. Las mujeres de esa numerosa familia debían prever qué es lo que necesitaban los hombres, y tenerlo antes de que lo pidieran. Si no era así, se sentían ofendidos, como si adivinar el pensamiento, fuera algo a lo que ellos tuvieran derecho, y se les hubiera quitado. Otro analizante, de menos de 30 años, habla de cómo su padre y sus tíos hacen bromas sobre cómo dominar a las mujeres, para que no “se les suban a las barbas”, porque a ellas hay que enseñarlas, y con ello se entiende que son menores, que hay que decirles que hacer. Las mujeres por su parte, saben este juego y se acomodan al respecto, no son víctimas, han elegido esa forma de relación, como dice la canción de Gloria Varona que canta Luz Casal: “tu juegas a quererme, yo juego a que te creas que te quiero”. El infinito juego de la vida, lo que no implica que hay otras violencias poco vistas.

  1. Las verdades de Tiresias

Son las mujeres trans como Paula Stone, quien vivió décadas como hombre, las que pueden exponer con mayor claridad esas diferencias, mostrando a través de su experiencia, esas sutiles desavenencias entre los géneros, que difícilmente, como sociedad, habíamos percibido y que habíamos considerado todo el tiempo, como que así debía ser. En forma muy resumida veamos lo que nos dice Paula en su conferencia grabada y disponible en youtube (Stone 2017).

“Me tropiezo con diferencias de género por todas partes” dice, desde los moretones por golpes ligeros con cualquier cosa, a causa de tener la piel más sensible por las hormonas; la experiencia sexual, que pasó de ser más visual a más holística, menos corporal y más del ser; pasando por ignorar lo que dice, no tomarla en serio y por lo tanto en cuenta. Reconoce que no había sido tratada así, antes, en su lugar de hombre, por las mismas acciones que no ha variado, hasta pensar en la posibilidad de que se ha vuelto estúpida, a raíz de la transición, porque no es considerada como una adulta plenamente operativa, o, la otra probabilidad es que está siendo presa del mansplaining[2], de la machoexplicación. Esa interrupción de los hombres a las mujeres, sobre el tema del que están hablando, acompañada con un tono paternal y condescendiente, que coloca a las mujeres como tontas, a las que hay que explicar las cosas, una y otra vez, o se les contesta algo que no preguntaron, asumiendo que saben más que ellas, del tema que sea.

Stone menciona que eso le pasa a menudo, ahora que es mujer, tiene que repetir la pregunta varias veces, antes de tener una respuesta directa. Señala que, cuando más se trata a las mujeres como si no supieran de lo que están hablando, ellas empiezan a dudar de sí mismas, como si en verdad no lo supieran. Por eso es entendible que las mujeres tengan desconfianza de sus saberes, incluso cuando están en una reunión masculina y dominan el tema que se está abordando de manera incorrecta, o hay un mal dato, piden disculpas por adelantado, por ejemplo: “lo siento, creo que estás mal”, es decir, se excusan por tener razón, tratando de no asumirse agresivas con ellos.

Continua diciendo Paula Stone, que no hay modo de que un hombre blanco instruido (o negro, indígena, latino o de la etnia que sea y no instruido, yo agregaría) se dé cuenta lo mucho que la cultura está inclinada a su favor, porque es lo único que ha conocido, y conocerá en su vida. Así de manera inversa, las mujeres solo conocen esta forma de relación y de vida, quizá sospechen que trabajan el doble para recibir la mitad, pero no tienen idea de que, a ellas les cuesta mucho más trabajo que a un hombre vestido de “Brooke Brothers”, lo sé, dice Paula, porque “yo era ese hombre creyendo que era de los buenos hombres, sensibles al tema de las mujeres e igualitario”. Nunca pensó que tuviera privilegios, pero asume que los tenía, no hay igualdad de oportunidades, nunca han existido, concluye entre otras cosas.

Es revelador, como una mujer trans que fue hombre por décadas, una especie de Tiresias, desenmascare no solo la forma de gozar de las mujeres, según el mito, sino que nos diga a la luz de su experiencia, eso que se da por sentado, que poco se había considerado. Todos esos pequeños detalles enmarcados por supuesto en significantes que uno tras otro, día tras día, sin prisa, pero sin pausa, nos van conformando a todos: las mujeres son seres menores. Quizá aquí cabría una posible lectura, sobre eso que Lacan menciona de pasada en el seminario 20, que a la mujer se la mal-dice, se la dice mal, o se la dice-mujer (dit-femme) se la difama, en ese sentido, no se la trata con igualdad de derechos, sino condescendientemente (Lacan 1995, p.103).

Para terminar es importante decir que, es claro que hombres y mujeres somos diferentes, “Viva la diferencia”, pero eso no debe implicar que haya desigualdad ni en el trato, ni en los derechos. Podemos construir a través de nuevos significantes y posicionamientos un acercamiento a esa igualdad, hablar para analizar cómo se construyó esa violencia, que es lo que estamos haciendo por acá. Porque citando a Zizek: “a veces no hacer nada es lo más violento que puede hacerse” (Zizek 2009, p.256).

BIBLIOGRAFÍA

Forbes. Forbes México. 22 de 07 de 2019. https://www.forbes.com.mx/mexico-tiene-la-peor-brecha-salarial-entre-hombres-y-mujeres-informe/ (último acceso: 04 de 06 de 2020).

Lacan, Jaques. El seminario libro 20, Aun. Buenos Aires, Argentina: Paidós, 1995.

Stone, Paula. YouTube. 19 de 12 de 2017. https://www.youtube.com/watch?v=lrYx7HaUlMY (último acceso: 03 de 06 de 2020).

Zizek, Slavoj. Sobre la violecia. Seis reflexiones marginales. Buenos Aires, Argentina.: Paidós., 2009.

[1] Como decía una catequista en Michoacán

[2] Término acuñado por Rebecca Solnit en 2008.

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