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  • María del Carmen Franco Chávez

El Horror a lo femenino: el feminicidio

Actualizado: 17 mar 2020


Este ensayo se publicó en el libro de problemáticas sociales de México. Ensayos Psicoanalíticos. Lo comparto por aquí porque su tiraje fue tan corto que no veo otra forma de compartirlo.

Mucho se ha investigado sobre el feminicidio desde diferentes aristas, el Psicoanálisis también tiene su manera de acceder teóricamente al fenómeno que durante toda la historia de la humanidad se ha repetido hasta el hartazgo, nos referimos a la violencia virulenta de todo tipo ejercida en contra de las mujeres, que termina en feminicidios y que por lo menos en el 2017 dejó ochenta y siete mil mujeres asesinadas, la mayoría dentro de sus hogares y por sus parejas sentimentales.

Para la historia oficial de los varones, las mujeres siempre han sido molestas. Desde el mito de Lilith donde abandona a Adán por no querer estar debajo de él, siendo una igual, pronuncia el nombre de Dios y aparece en el mar rojo donde decide quedarse. Eva que fue la que transgredió los mandatos por su necesidad de saber, pasando por Hipatia de Alejandría, cuyo fin fue el desmembramiento por su saber, así como María Magdalena que no fue tomada en cuenta como apóstol, a pesar de que fue ella, según los evangelios, la que encontró la tumba de Jesús y la primera que lo vio resucitado. También podemos poner en la lista a las prostitutas mismas que eran veneradas, mujeres públicas y que luego trataron de exterminarse con castigos muy violentos; a diferencia de las mujeres que estaban en sus casas para procrear y que eran propiedad de sus esposos. Este ejemplo da una idea de la doble relación en la que que se inscribe la dualidad entre la madre santa y la puta voluptuosa, que no se ve hasta ahora cómo se solucionará y que parece que no hay mediación esperada como Putamente Santa o Santamente Puta, son excluyentes una de la otra y sin embargo, conviven en una misma mujer en esa relación imposible. Todos esos ejemplos y muchos más dan cuenta de que para la perspectiva de los varones, las mujeres siempre son no solo incómodas, sino causantes y culpables de toda la fatalidad de la humanidad. Conllevan en su ser, ya sea la maldad, la voluptuosidad, la pasión, el pacto con el Diablo, la histeria y por ello no deben salirse de su lugar. Todo aquello que es subyugante, atrayente pero peligroso al mismo tiempo. Por ello las mujeres son consideradas tabú.

Todos los discursos ya sean religiosos, jurídicos, antropológicos en la historia de la humanidad, dan cuenta de esta visión de los varones como guiadores, cuidadores, de aquellos seres que han querido poner en desigualdad y que necesitan ser contenidas y/o excluidas. Baste citar la virginidad valorada y establecida por el discurso religioso que aún en estos días, conmina a las mujeres a no disfrutar su cuerpo y quien lo hace pasa al terreno de la puta[1], más aún, el placer no ha de ser destino del cuerpo de las mujeres, de ahí que todavía en algunas partes del mundo las mujeres sean mutiladas para no sentir placer, poniendo su vida en riesgo. Las brujas que de ser sabias por su conocimiento[2] pasaron a ser herejes que hacían pacto con el Diablo y que debían ser quemadas; por otra parte si alguna mujer quería acceder al saber, había entonces que encerrarla[3]. Desde esos momentos de la historia, hasta los más degradantes momentos de los feminicidios que llegan a ser tolerados siempre responsabilizando a las mujeres. Que puede observarse en aquél movimiento a través de las redes con el hashtag # si me matan es porque: y las mujeres escribían lo que fuera, aun las causas más absurdas, evidenciando lo ridículo de culparlas. Por ejemplo, algunas escribieron: si me matan es porque salí con mis amigos en la noche, si me matan es porque me gusta “la chela”, si me matan es porque hablo con extraños, si me matan es porque me pongo minifalda, si me matan es porque viajo sola haciendo investigación y así interminablemente. Lo que nos permite pensar en lo que subyace a estos escritos, en el imaginario colectivo que se pasa vía identificación de una generación a otra, algunos de estos supuestos subyacentes son: que sin duda es que ellas deben estar en sus casas, que son propiedad de alguien, que deben ser cuidadas, que no deben vestirse de forma que los hombres consideran provocativa, que no deben pensar por sí mismas y que si lo hacen deben atenerse a las consecuencias de enfrentar un mundo donde los hombres son los que dictan las normas. Todos esos supuestos enmascarados bajo la consigna de cuidar a las mujeres. Aquí invariablemente surgen las preguntas. ¿Cuidarlas?, ¿De quién? La respuesta que podrían dar los hombres sería: de los peligros que conlleva la vida y de ellas mismas al querer salir de la seguridad que da el lugar del varón que la cuida, que por supuesto es un lugar desigual.

Las mujeres consideran que de lo que deben cuidarse son de aquellos que quieren colocarlas en ese lugar desigual, de exclusión, de diferencia[4] en el sentido de los derechos adquiridos por las personas. Los derechos que no son dádivas de nadie, fueron ganados a través de todos los movimientos no violentos que han dado las mujeres que buscan su justo reconocimiento, ya que la historia de la humanidad se ha contado generalmente por hombres y el papel de las mujeres se ha excluido o en su defecto minimizado su participación. En todas las revoluciones, en todas las guerras, en todos los movimientos artísticos, descubrimientos científicos, han participado más mujeres de las que se sabe, muchas han tenido que firmar sus aportaciones con nombre de varón para ser tomadas en cuenta. El punto de vista femenino es diferente para los fenómenos y ha sido acallado porque la mayoría de los descubrimientos del campo científico se han realizado por varones gracias a esa discriminación que se justifica desde Darwin y su “Origen de las Especies” y en particular “El origen del Hombre[5]” ya que ahí plantea que las mujeres desempeñan un papel pasivo, EXCEPTO, por la elección del macho. Ahí mismo podemos considerar la primera contradicción. Además de no tomar en cuenta el papel desnaturalizante del lenguaje. Para ser justa y considerando que era un hombre interesado en la biología el que investigó y que estaba preso de todas las ideas y conceptos de su tiempo, no podíamos esperar más.

El Psicoanálisis y el feminicidio.

Lo anterior implica una gran complicidad eterna e implícita entre organismos creados por la visión masculina ante la posible igualdad o superioridad en habilidades; ante este fenómeno el Psicoanálisis no puede quedar incólume, puede aportar elementos teóricos y clínicos que ayuden a dilucidar todo este fenómeno de la violencia que termina en feminicidios.

Podríamos pensar desde la teoría en algunos puntos que ayuden a comprender el fenómeno que por razones de espacio no se elaborarán a profundidad: Por una parte está el Falo y su supuesta posesión, un elemento que hay que considerar aquí a partir del anterior es la legitimación de la desigualdad a través de las religiones monoteístas y finalmente en lo que deriva lo anterior que es la guerra de los sexos.

La posesión del Falo y el poder.

Habría que empezar diciendo que el falo no es el pene por más que se piense en ello, el falo es lo que no se tiene, es un significante, es lo que falta. En ese sentido es verdad que la sociedad y la familia es falocéntrica ya que el falo aquí es el significante de la castración, de lo que falta. Así el falo es condición y pone en movimiento la existencia de la cultura y de todo lo que quepa en ella. Sin embargo hay que diferenciarlo de la falocracia, que se organiza con base en la apropiación de privilegios y poderes basándose a su vez en la diferencia sexual. Desde el Psicoanálisis no hay razón para depositar privilegios de un sexo sobre otro, incluso si nos remitimos a la metáfora paterna, que haría surgir un nuevo ser psíquico, ese significante Nombre-del-Padre también es a decir de Frida Saal, no-hombre del padre, es decir, lo que el padre no es, refiriéndonos a la completud.

Por otra parte el poder, psicoanalíticamente hablando, se encuentra en el registro de lo imaginario, que se anuda con el del simbólico y el real que tiene innegables repercusiones en lo que conocemos como realidad. El poder podría reconocerse en ocasiones como el falo que se refrenda en el orden jurídico, por ello han sido legales situaciones que actualmente consideramos impensables, como la esclavitud o la segregación racial por ejemplo. Es así como las mujeres han estado sujetas a normas que las subordinan a lo que se ha construido como el sistema con privilegios para los hombres, pensados en que ellos son los que tienen el falo.

Este orden falocrático (en el sentido de posesión del pene) se ha querido establecer como “natural” antropológicamente hablando, puesto que la subordinación de las mujeres es universal, es decir, está presente en casi todas las culturas. Para poner un ejemplo podemos pensar en las mujeres consideradas como botines de guerra así como “objetos para castigar al enemigo” desde tiempos inmemoriales es tan vigente como en Atenco, para no irnos más lejos, se funda en ese citado orden falocrático. Sin embargo, si buscamos un origen, nos encontramos con una pared, ya que todo origen nos remite a un mito, el origen está en el orden de los mitos que están en el imaginario colectivo de la sociedad y que dan respuestas que caen en el orden del sentido y que por ello debemos tomarlos muy en cuenta.

También hay que decir en este punto, que ningún sujeto es mujer u hombre a priori, los sujetos se posicionan de diferente manera y solamente aposteriori se determina si habrán sido hombres o mujeres. Sin embargo el que se considera dentro de una posición, asume sin cuestionamientos y se identifica con una serie de significantes como hombre, cree por otros significantes y su narcisismo que posee el falo y que por lo tanto sus derechos están sobre los demás. Ellas por su parte se relacionan con el partenaire como si fueran el falo, son deseadas y desean que se las desee, por ello pueden pensar que al ceder su deseo hacia el otro, las mantendrá en ese lugar. Ni ellos lo tienen ni ellas lo son, sin embargo esta tradición de dominación parece un entramado por todas las actividades productivas de la humanidad que generalmente están representadas por hombres.

Esta no-posesión del falo y este no-ser el falo, deja a la humanidad entera en falta, que tratarán de cubrir todo el tiempo aunque sea imposible. Si retomamos las fórmulas de la diferencia sexual, no podemos dejar de notar que es imposible que del lado hombre se encuentre completo, ya que todo varón está sujeto a la castración. Sin embargo no puede sino desear la completud, posicionándose como si tuviera el falo y negando su función fálica; como diría Pommier[6] en una conferencia: podemos encontrar “una buena definición del patriarcado” en la siguiente cita de Lacan del seminario 20: “la función fálica del hombre, como todo, encuentra su límite en la existencia de un X quien niega la función fálica, es lo que se llama la función del padre . El todo se funda así sobre la excepción que niega completamente la función fálica.” Como si negándola dejara de existir. Del lado mujer hay algo de lo femenino que pretende rebasar la castración en ese NO TODA, no toda X está en la función fálica . De ahí podemos vislumbrar el misterio que puede significar ese ser mujer para el varón, misterio que puede ser seductor o aberrante, que no tiene una definición específica.

En este punto no podemos olvidar la dialéctica del Amo-esclavo que implicarían las posiciones de hombre y de mujer, no olvidemos lo que dice Kojève: “El Amo no es el único en considerarse Amo. El Esclavo lo considera también como tal. Es pues reconocido en su realidad y en su dignidad humanas. Pero ese reconocimiento es unilateral, ya que no reconoce a su vez la realidad y la dignidad humanas del Esclavo.”[7] Así, en una equiparación el Varón se considera y es considerado Amo por la historia hecha por ellos y por los diferentes, es decir las mujeres. No hay posibilidad de que se coloque en ese lugar, sin que la otra se coloque en el correspondiente, en esa dialéctica irreductible. Es importante considerar aquí que cualquier discurso del que se trate, no existe equiparación, así que no hay discursos de igual a igual, todos están mediados por un imaginario de poder.

Las religiones monoteístas.

Por otra parte, en esa contribución a la tradición de dominación, las religiones monoteístas han sido las cómplices y representantes en ese entramado. Siguiendo a Pommier[8], el monoteísmo se consolidó por el parricidio que se cometió con los otros dioses al destruir a los ídolos que los representaban, que en el caso mexicano según Alfonso Caso:

“El temor y la esperanza son los padres de los dioses, se ha dicho con gran verdad. El hombre, colocado ante la naturaleza, que le asombra y anonada, al sentir su propia pequeñez ante fuerzas que no entiende ni puede dominar, pero cuyos efectos dañosos o propicios surge, proyecta su asombro, su temor y su esperanza fuera de su alma y, como no puede entender ni mandar, teme y ama, es decir, adora.

Por eso los dioses han sido hechos a imagen y semejanza del hombre. Cada imperfección humana se transforma en un dios capaz de vencerla; cada cualidad humana se proyecta en una divinidad en la que adquiere proporciones sobrehumanas o ideales.” [9]

Es decir, identificaban a las potencias del ser humano, como la fertilidad, la lluvia, la fortaleza, la seducción, el desorden, el orden, la inmundicia y así múltiples posibilidades que vemos repetidos todas las veces que nos acerquemos a una cultura en particular. No deja de asombrar aunque se haya visto mil veces, que los seres humanos tengamos tantas diferencias y al mismo tiempo seamos tan iguales. El Dios del monoteísmo[10] se instaló con un rechazo violento de lo femenino que representaban otros dioses y diosas, a la diferencia apartada del ideal, de la misma manera en que se instaló la cultura. No olvidemos que para Freud, a Moisés lo mataron los judíos, olvidaron sus enseñanzas pero que después retroactivamente sintieron culpa y asumieron la religión monoteísta.

El monoteísmo tiene que ver con el Edipo, ya que un niño ama a su padre que lo castra, en un movimiento que tiene dos aristas, por un lado la adoración para un padre y por otro el rechazo y la opresión de lo femenino. La adquisición cultural de la religión, es una fe interiorizada en el registro de lo imaginario, “que se arraiga en el Complejo de Edipo, presumiendo durante la primera infancia frente a la seducción del padre, el niño afirma su virilidad rechazando violentamente su propia feminidad”. Este parricidio fantasmático genera mucha culpabilidad, haciendo que los hombres se castiguen. El motor oculto de su violencia es el temor a lo femenino. Siguiendo al autor y en sus propias palabras “Los hombres han oprimido a las mujeres porque rechazan su propio femenino, es decir, que se trata de rechazar la propia bisexualidad.” Es la gran lección que nos deja el psicoanálisis freudiano: existe una disposición bisexual en todos los seres humanos en donde se elige uno bajo la premisa de la represión del otro. En ese sentido, lo femenino visto algo desconocido e incomprensible, ya que, del lado de Lacan, su goce está más allá de las palabras, por ello molesta, enoja porque seduce, excita y eso es insoportable. De ahí a la violencia no hay distancia y va en aumento. De una broma de mal gusto que esconde la molestia y desagrado hacia las mujeres, sigue el cuestionamiento, la descalificación, la burla, el grito, la cachetada, el golpe con el puño cerrado, patadas, vejaciones, violaciones, tortura, mutilaciones, para acabar finalmente en un violento asesinato[11], en circunstancias de horror, en estrangulamiento, descuartizamiento, con la cara irreconocible, es decir, en feminicidio, por el hecho de ser mujer. Eso en el caso de la violencia física, porque de las otras violencias, incluyendo las que considera La Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida libre de Violencia, que tienen el mismo fundamento; y no solo, ese horror a lo femenino, escondido bajo la forma de tutelaje, enseñanza, protección, paternalismo, negligencia y menosprecio que llega hasta el feminicidio, permea con la complicidad de todos los organismos y sociedad, que por identificación se perpetúan en lo que Žižek llama el lado obsceno del poder que es una tolerada reiteración de actos transgresivos de la ley pública y afirma una determinada cohesión social que favorece los derechos de unos contra los de otras.

La guerra de los sexos.

El hecho que la contradicción y lucha entre los sexos, sea más antigua que la lucha de clases, no valida el hecho de la subordinación de las mujeres, porque no hay nada que esencialmente defina lo femenino o masculino, eso es lo que se denomina lo REAL del sexo. Sin embargo, una constante en la historia, es la valoración de lo que hacen los hombres, independientemente de la actividad que se lleve a cabo, ya sea que vayan a la guerra o bien que cocinen, no sucede para las mujeres; porque si bien cocinan, eso es lo que tienen que hacer, ese es su trabajo. Parece que hay que someterlas a esos ciertos significantes. So-meterlas, meterlas bajo el deseo del otro.

Sin embargo hay que decir que esto no deslinda la responsabilidad que tienen las mujeres en la elección de ciertas relaciones, donde abandonan su propio deseo para tratar de ser ese falo que complete al otro. Pero la teoría y la experiencia clínica, indica que ella no puede ceder su deseo por más que quiera, como si con ello eliminara su propia falta, porque de cualquier manera no es posible completar al otro.

Esta lucha de los sexos es anterior a cualquier lucha por las reivindicaciones de cualquier tipo, ya que comienza no solo con la división del trabajo, sino con la apropiación de los hijos. Los varones quieren apropiarse de los hijos vía la apropiación de la madre, según la promesa edípica[12]; ellas no quieren entregar a los hijos. Así que la lucha de los sexos es por los hijos, es una lucha por un poder imaginario que de no cumplirse tendría consecuencias devastadoras a nivel psíquico, porque si la madre no renuncia al hijo no habrá subjetividad posible, y si el hijo no asume la prohibición del incesto y parricidio, mataría al padre para poder ser padre, así, interminablemente.

La lucha de los sexos también se inscribe en lo imaginario de tener o ser el falo. Ellos creen que lo tienen y pueden hacer cualquier cosa y que sus derechos sobre la mujer y el hijo permanecerán incólumes. El amor romántico promulgado culturalmente, abona a esta fantasía cultural. Ellas asumen la responsabilidad y apropiación sobre los hijos a los que crían sin la participación de ellos. Pero, cuando ellas empiezan a tener poder de decisión y se apropian de su responsabilidad como sujetos independientes, moviéndose de su posición subjetiva, comportándose como de igual a igual y tienen relación de cualquier tipo con otros hombres, eso se vuelve una afrenta contra quienes las dejaron a su suerte porque hiere severamente su narcisismo, porque resulta que ya no los necesitan porque generalmente hay otro o porque se dieron cuenta de que podían solas, de que su estatuto de ser no depende de la aceptación del otro, que ceder el deseo no la libra de la culpa y que no resuelve nada. Eso no pueden soportarlo los varones, de ahí al feminicidio hay una distancia muy corta. Pareciera que gritaran ¡cómo te atreves a poder vivir sin mí!, ¡eso te va a costar muy caro! Y siguiendo el cancionero popular: “porque quieras o no, yo soy tu dueño”. Parece que sin prisa pero sin pausa estos significantes se incrustan en los cuerpos de las personas hombres y mujeres y nos van moldeando, desde considerar el acoso como “normal”, minusvalorar el miedo que las niñas sienten hacia sus padres y las mujeres a sus parejas, la aceptación de que los varones desde niños tienen derecho a minimizar a sus amigas, entendiendo el cuerpo de las mujeres como cosas a las que tienen derecho, en una suerte de metonimia de ellas, (la parte por el todo) que querría ceder su deseo para llenar el vacío del otro. Sara Shultz concibe esta idea del universo concentracionario que ilustra lo que queremos decir:

“…El cuerpo de la mujer como esta imagen subjetiva-colectiva dialoga con la realidad en un escenario hostil, el de la mujer objetivada histórica, culturalmente. La mujer-cosa, la mujer-objeto, la mujer que recibe en su vacuidad el deseo del otro y cuyo inherente vacío -de subjetividad- justifica la expropiación de su propio cuerpo material y de la imagen subjetiva de su propia corporalidad: la violencia ha sido instituida cuando la mirada ajena conforma la propia, se ha roto el vínculo sujeto-cuerpo, se ha objetivado la subjetividad, se ha interiorizado la dominación.

… Encontramos que el cuerpo es nuevamente la clave para la comprensión de que la violencia a la subjetividad femenina se constituye como una experiencia concentracionaria, a partir de la noción de que esa interiorización de la violencia moldea la vivencia del propio cuerpo. Tejemos con la idea del propio cuerpo como objeto (del deseo, del maltrato, de la pertenencia, de la dominación) el límite de la noción de experiencia concentracionaria definida como la impropiedad del propio cuerpo: la mujer cuerpo sin sujeto, nihilista en su naturaleza, aprendiz en la práctica de la auto violencia.

La complicidad

Parece que esta reflexión podría abundar en explicar, sin justificar, esas posiciones del lado hombre[13] de la mitad de la humanidad, tengan la anatomía que tengan, lo que quiere decir que hay féminas que para lograr tener poder, se colocan de ese lado realizando exactamente lo mismo que los varones con otras mujeres. O al revés, ellos pueden colocarse del lado mujer, creyéndose el falo.

De ahí, se podría pensar que esta minusvaloración hacia las mujeres, se permea en todos los estratos de la sociedad, desde el trabajo femenino (que una misma actividad realizada por mujeres sea de menor pago), la baja proporción de mujeres en actividades que culturalmente se asocian con varones vg. deportes, ciencia, investigación, legislación, gobierno, trabajo “pesado”, etcétera. Es decir, las mujeres son consideradas molestas por los varones pero necesarias, colocándolas en un lugar de inferioridad, como otro desigual, de menor jerarquía al que pueden conducir. Si no es así, viene la indignación de por qué se atreven a cuestionar, impugnar sus mandatos, que conlleva como caso extremo, repetimos, al feminicidio. Sin embargo otro viacrucis empieza para los familiares de las víctimas que lleva a lo que Foucault entendía como suplicio judicial, es decir, el ritual político que forma parte de las ceremonias por las que el poder se manifiesta.

Cuando los familiares de las víctimas quieren acceder a la justicia se enfrentan al doloroso proceso que es una verdadera odisea, ya que encaran dos fenómenos que hay que tomar en cuenta.

  1. Para ellas siempre la culpa, para ellos la disculpa.

Este apartado se relaciona necesariamente con lo anotado en los primeros párrafos. Ellas tienen la culpa, ellas tienen la responsabilidad, sea cual sea el tema y trátese de lo que se trate. Asumiendo que si iban vestidas por ejemplo, con minifalda provocan la violación, si se resisten, entonces los perpetradores que no pudieron contener su pulsión sexual fueron atraídos sin alguna posibilidad de resistirse, como ellas se niegan hay que someterlas, hay que utilizar la violencia hasta llegar a la muerte.Ellos siempre salen pronto, las leyes los protegen, los huecos legales favorecen a estos delincuentes y, si les llegan a imponer alguna pena, es mínima con lo querápidamente están libres.

  1. Del punto anterior se desprende que existe una complicidad implícita entre los órganos y los varones que representan a estas instituciones que deben impartir justicia. Tan solo para la tipificación del delito existen problemas. Como ejemplo, de las 2746 muertes de mujeres[14] de 2015 a 2017, el 17.2% se perpetraron ahorcando a la víctima, otro 16.6% con objeto cortante, 1.4% con sustancias nocivas y 48.4% con armas de fuego. A pesar que se puede ver a simple vista que hay violencia en la perpetración de estos asesinatos, fueron tipificados como homicidios dolosos y no como feminicidios. Las observaciones de los órganos gubernamentales no los ven de esa forma mientras las organizaciones de la sociedad civil lo hacen evidente.

Por otra parte, son las madres y familiares de las víctimas quienes asumen desde la investigación hasta la persecución de los asesinos. De parte de las autoridades sufren dilación en el proceso, indolencia, maltrato, indiferencia e incompetencia. Se puede observar desde la doble victimización que sufren en la denuncia,recurrir al batiburrillo de las leyes que no son iguales para una entidad federativa determinada que para las federales, los médicos legistas que informan cosas que minimizan lasviolencias, los informes que tardan, las preguntas tendenciosas de los representantes de los Ministerios Públicos. Y así hasta el cansancio.

Final y apuradamente también hay que decir para terminar este ensayo, que el psicoanálisis no contempla ninguna forma de armonía en la relación de mujeres y hombres que ilusoriamente supondría una armonía entre los sujetos consigo mismos y con los otros. Sabemos con contundencia que no existe esa posibilidad, pero ello no implica que no se trate de alcanzarla, sabiendo que es imposible, eso genera movimiento en el deseo. Por fortuna y gracias a lo que Lacan llamó lalangue, no está dicho todo, siempre habrá movimientos deseables como el reconocimiento y asunción de esa parte femenina reprimida de los varones, la igualdad en derechos, en salarios, en trato y respeto hacia la dignidad humana de las mujeres. También hay que decir que en psicoanálisis no hay generalizaciones posibles porque entiende la unicidad del sujeto, es decir, que nunca será como otra y clínicamente habrá que hablar de caso por caso.

Caso, Alfonso. 2009. EL Pueblo del Sol, México: Fondo de Cultura Económica.

Foucault, Michel, 2009, Vigilar y castigar, México: Siglo XXI Editores

Kojeve, Alexandre, 1982. Dialéctica del amo y del esclavo en Hegel. Argentina: La pléyade.

Pommier Gerard, conferencia a distancia sobre: El futuro del Psicoanálisis en la nueva civilización: https://youtu.be/jZfE9x4qkgQ, recuperado el 8 junio 2018

Shultz Flores Sara Olimpia, El universo concentracionario de la mujer. Ensayo

Žižek, Slavoj, 1999, El acoso de las fantasías, México: Siglo XXI

http://mujerdelmediterraneo.heroinas.net/2018/12/la-resistencia-investigar-feminicidio.html

[1] En el sentido deleznable del término y también a su contraparte deseada.

[2] Mujeres que conocían de hierbas y plantas que sanaban, que se hacían cargo de la salud de la gente. Esta actividad les fue arrebatada por los hombres quienes se adjudicaron estos saberes, tachándolas de brujas.

[3] De paso hay que decir que a estas parteras y conocedoras de plantas fueron sustituidas por la ciencia médica representada fundamentalmente por varones.

[4] Hay que decir que es importante la diferencia. Que viva la diferencia. Pero no la que elimina derechos de unas en favor de otros.

[5] Hombre en el sentido de Hominis, que se refiere a la especie: hombres y mujeres racionales. Sin embargo siempre se habla del Hombre y no del ser humano que incluye a las mujeres.

[6] Pommier Gerard conferencia a distancia sobre: El futuro del Psicoanálisis en la nueva civilización: https://youtu.be/jZfE9x4qkgQ

[7] Alexandre Kojeve, Dialéctica del amo y del esclavo en Hegel Argentina: (La pléyade, 1982). p9

[8] Ibid.

[9] Alfonso Caso, EL Pueblo del Sol (México, Fondo de Cultura Económica, 2009)p11-12

[10] Todo siguiendo la conferencia a distancia de Pommier

[11] Ochenta y siete mil mujeres asesinadas en todo el mundo de las que el 60% fueron crímenes perpetrados por sus parejas sentimentales según datos de la ONU de 2017

[12] Esta mujer (tu madre) no te pertenece, es mía. Ya encontrarás otra que será tuya. Y Para ellas sería: no tendrás a tu padre, tendrás un hijo que tendrás que entregar a la sociedad.

[13]Nos referimos a las fórmulas de la sexuación propuestas por Lacan

[14] http://mujerdelmediterraneo.heroinas.net/2018/12/la-resistencia-investigar-feminicidio.html


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