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  • María del Carmen Franco Chávez

Método y Técnica en la Investigación Psicoanalítica.


Este artículo se publicó en la revista Erinias no. 8 en 2007

INVESTIGACIÓN.

Varias preguntas surgen del título del artículo. ¿Qué es la investigación?, es la primera pregunta, ¿es lo mismo para todo el mundo?, ¿para qué sirve investigar?, ¿cuántos tipos de investigación existen?, ¿la investigación tiene que ver sólo con la ciencia?

Podríamos comenzar mencionando que la investigación es un proceso que consta en descubrir los orígenes y causas de los fenómenos, etimológicamente viene del latín investigare que se refiere a hacer diligencias para descubrir algo, hacer indagaciones. La investigación también se refiere a las actividades de cualquier tipo encaminadas al descubrimiento de nuevos conocimientos. ¿De qué conocimientos?, ¿Qué es lo que se trataría de descubrir? Esto puede contestarse fácilmente si pensamos en cualquier fenómeno, descubrir qué lo origina, qué lo causa.

Podría utilizarse la definición del pragmático Dewey en conde se entiende a la investigación como “la transformación controlada o dirigida de una situación indeterminada en otra que es tan determinada en sus distinciones y relaciones constitutivas que convierte los elementos de la situación original en un todo unificado” (Dewey en Abagnano) Esta definición pone de manifiesto que existen dos situaciones, una en la que no se determinan las relaciones por lo que no se pueden explicar los fenómenos y un segundo momento en donde a través de esta transformación controlada, los elementos se relacionan de tal forma que pueden quedar en un todo integrado que explique tales relaciones. Es decir, que la investigación consiste en encontrar, descubrir la relaciones que tienen los fenómenos o situaciones con otros fenómenos o situaciones.

Surge necesariamente una pregunta al respecto de estas afirmaciones, ¿estas relaciones estaban ahí y sólo se descubrieron o fueron creadas por aquellos que las quieren encontrar? Cosa que nos responderán más adelante los paradigmas cualitativos.

Entonces, podríamos tener una respuesta tentativa a la pregunta :¿Por qué se investiga? Y sería porque se quieren determinar los orígenes y descubrir las causas y las relaciones que expliquen los fenómenos o situaciones. ¿Qué fenómenos o situaciones? Y también podríamos contestar que cualquiera que se le ocurra a los seres humanos, desde situaciones policíacas donde se tratan de esclarecer acontecimientos y que para ello se necesita fundamentalmente: Recoger toda la información necesaria, todas las evidencias desde las más obvias hasta las más sofisticadas y por otra parte, estructurar esa información, integrándola en una totalidad coherente y lógica que explique el devenir de los fenómenos para explicar las causas. Esto integra a cualquier tipo de conocimiento desde el metafísico astrológico hasta científicos.

Si la investigación es así, entonces existen tantos tipos de investigación como fenómenos se quieran abordar, de aproximación a la realidad, de exploración, de prueba de hipótesis, etc. también existen diferentes tipos de clasificaciones de la investigación, sin menoscabo de otras clasificaciones, mencionaremos dos grandes vertientes de la investigación, las de corte cuantitativo y las llamadas cualitativas, para determinar después lo que sería investigación en psicoanálisis

Las investigaciones cuantitativas, que como su nombre lo indica se refieren a las mediciones de fenómenos que se presentan en la realidad, diseñan instrumentos de lo menos a lo más sofisticado para evitar la subjetividad en las observaciones que pueden contabilizarse de alguna forma. Estas investigaciones suponen que la realidad está ahí, construida, hecha y lo que se tiene que hacer es descubrir, develar las situaciones ocultas y mostrarlas. Para ello puede utilizarse el llamado “Método Científico”, esta serie de pasos ordenados que trascenderán los hechos y que explicarán los fenómenos de una forma en que sea igual para todo el mundo, de modo que: “Todos los investigadores tienen que estar en condiciones de llegar a las mismas condiciones independientemente de sus subjetividades. Ni psicóticos para quienes dos más dos son cinco, ni perversos que sepan que son cuatro pero traten de convencer de que otras respuestas son igualmente válidas, ni neuróticos que no pueden soportar que sean cuatro y quisieran otro resultado”[1] . Estas investigaciones se basan en la filosofía empirista y en la epistemología positivista, postpositivista o positivismo lógico, el de los hechos positivos, aquellos que habían superado toda explicación teológica y metafísica. Se concibe como una evolución natural del conocimiento (cualquier cosa que esto signifique) donde podrían medirse, verificarse de alguna manera los datos y que podrían explicar todos los fenómenos. El sujeto de este enfoque es un sujeto independiente de la realidad, está separado de ella y su tarea es entenderla, encontrar las leyes que la rigen, las regularidades de los fenómenos, el objeto de este enfoque está ahí, en la realidad, sea cual sea. Los métodos tienen que ver con seguir pasos “ordenada o desordenadamente” pero que permitan llegar a la develación de la realidad, al descubrimiento, a des-cubrir lo que la realidad presenta de manera oculta y las técnicas se sujetan a la aplicación de instrumentos diseñados para medir lo que los científicos piensan que sucede. Esta manera de ver a la ciencia, al método y al conocimiento privó durante gran parte del siglo XX y aún se escucha como cualidades que tiene que reunir sine qua non los conocimientos para poder llamarse científicos. En ella encontramos todas las investigaciones de tipo biológico, neurológico, conductual, genéticas aquellas donde los datos sean fundamentales, y que éstos puedan decir algo sobre la realidad de manera que no deje lugar a dudas para ningún lector de la verdad, más utilizadas por las ciencias llamadas nomotéticas, aunque hayan sido ellas mismas las que denunciaron la falta de coherencia en el método.

Sin embargo, es porque esta visión no alcanza a explicar muchos de los fenómenos humanos, ni es acorde con sus planteamientos en otros terrenos que no sean los fenómenos medibles como lo son los intrincados fenómenos humanos, esta posición cambia y hacia los años 70 del siglo veinte se abandona la ilusión de una ciencia unificada, se cuestiona la incongruencia entre conceptos teóricos y su correlato directo con observaciones sensoriales así como las reglas de correspondencia entre definiciones operaciones de términos teóricos y la realidad, puesto que esas reglas asocian sólo palabras con otras palabras y no con la los fenómenos o la naturaleza. Es decir los científicos se enfrentan ante la imposibilidad de “aprehender la realidad”, se topan con esa pared insalvable y reconocen la limitación de representarla simbólicamente. La aproximación hacia la información es severamente cuestionada, el dato como tal se revela como una construcción del observador y no como independientemente de él. ¿Cuál es la información que se selecciona?, ¿por qué esa precisamente y no otra?. La respuesta podría pensarse a partir del punto de vista de Devereux en relación al método, tomando en cuenta necesariamente la transferencia, pues es gracias a ella y no a pesar de ella que se construyen los conocimientos. Devereux habla acerca de este papel y de cómo se ha atravesado de la ansiedad de medirlo todo, de contarlo todo al método de integrar al sujeto que investiga y qué es lo que investiga, qué construcciones tiene acerca de la realidad y cómo pueden entenderse.

En esta vertiente aparecen nuevas formas de investigación, el famoso salto cualitativo, nuevas formas de concebir a la ciencia y sobre todo de no privilegiar el conocimiento llamado científico hasta ese momento por sobre de otros. Esas vertientes abrevan en la filosofía marxista dialéctica, en la hermenéutica, el estructuralismo, la filosofía desconstructiva. Para estas nuevas formas de investigación el sujeto y la realidad no están separadas, la realidad es producto de la construcción de los sujetos, no tendría ningún caso ninguna ciencia sin algún sujeto presente que se preguntara por esos terrenos. El sujeto construye su objeto de conocimiento y al mismo tiempo lo desentraña, por lo que no se puede desvincular al investigador de la realidad. Los objetos de conocimientos son complejos ya que pertenecen a los sujetos que los crean, entre ellos se encuentra la subjetividad humana, abordada desde diferentes métodos, desde el hermenéutico, pasando por el fenomenológico, la investigación-acción hasta lo que se ha considerado epistemología feminista que corresponde a los grupos focales. Las técnicas incluyen al investigador, en entrevistas, análisis de discurso, círculo hermenéutico, etc. Para después establecer categorías y llegar después a la teorización. Ese cuerpo organizado de ideas que explica una situación determinada.

¿Pero, que es lo que determina la diferencia entre estos tipos de investigaciones?, ¿cómo se ha pasado de una forma de concebir la ciencia a otra? preguntas que nos remite necesariamente al siguiente apartado. Donde se explica las formas de concebir a la ciencia y determinar lo que no es el saber psicoanalítico.

LA CIENCIA.

La ciencia tradicional, por llamarla de alguna forma, puede encontrarse del lado del positivismo, sería aquélla que trataría de encontrar las regularidades en los fenómenos y encontrar sus causas últimas. En ese sentido la ciencia puede entenderse como aquélla forma de conocimiento humano que fue y es verdaderamente importante, porque permitió que los sujetos humanos viéramos con modelos, con construcciones, las cosas que no veíamos con los órganos de los sentidos, es decir que se incorporaron a la ciencia palabras que a través de modelos, explicaban las causas de los fenómenos, esas construcciones ponían a prueba el conocimiento del sentido común y los que proponía la ciencia. Entonces se aceptaba como conocimiento “científico” a aquél que pasara esas pruebas y se le daba el carácter de verdadero. De ahí que esta forma de ver el conocimiento que en algún momento fue verdaderamente revolucionaria, innovadora, más propiamente dicho, porque fue la ciencia rompió con el conocimiento del sentido común, aquél que con las evidencias de los sentidos, podía explicar las causas de los fenómenos. Fue y es importante señalarlo, porque con cualquier explicación se podía entender el mundo, hacía falta entonces cierta rigurosidad para la obtención del conocimiento que después se convirtió en tiránica y que promovió al conocimiento científico como la única manera de entender al mundo, que podía cargarlo de sentido y que si no estaba en ese lugar no habría que tomarlo en cuenta por subjetivo, ya que el conocimiento científico debía dejar claramente y sin lugar a dudas toda explicación de los fenómenos.

Sin embargo este tipo de construcción no pudo ni puede sostenerse por si misma, se hablaba entonces de la ciencia probabilística, después, la ciencia no podía explicar ciertos fenómenos, más aquellos que tenían que ver con el sujeto humano y parecía que lo único que había que hacer era mejorar, volver más finos los sistemas de medición.

Si esto es así, la ciencia proporcionaría sólo un tipo de conocimiento que deberá cuestionarse si es el privilegiado o como en todos los fenómenos, es útil en una circunstancia e incapaz en otra.

El conocimiento científico es una parte del conocimiento que tendrá que seguirse desarrollando, gracias a él se ha llegado a visiones inimaginables para el sujeto humano, sin embargo, hay quienes se aferran a él como si fuera el único. Parece claro que ciertos conocimientos no podrían obtenerse de otra manera, pero no todos. No todo, algo falta y eso es precisamente de lo que nos habla el psicoanálisis.

Es sorprendente que hayan sido las ciencias nomotéticas quienes señalaran la imposibilidad del método científico, su rigidez, la falibilidad de las relaciones causales así como la imposibilidad de la verificación en la experiencia. La ciencia es ese conocimiento que se va adaptando como las condiciones históricas, sociales y políticas se lo exigen.

La ciencia clásica debe sus propuestas a los científicos deterministas como Newton y a sus defensores filosóficos como Kant, la deducción como fundamento principal de toda construcción científica, el sistema axiomático deductivo, donde todos los fenómenos se explicarían por la relación causa-efecto. Aunado a ello la propuesta de Wittgestein acerca del lenguaje y su correspondencia para los fenómenos científicos, esto querría decir que la forma lógica de la proposición concordaría con la forma del hecho que representaría, que solo podría mostrarse, no decirse. Esto a su vez plantea la posibilidad de relacionar al lenguaje con la realidad, de ahí el nacimiento del positivismo lógico. Sin embargo, fueron los mismos científicos quienes determinaron la imposibilidad del método, aún en la física o en la mecánica, y si eso era así para las ciencias naturales, entonces, qué podría esperarse en las ciencias cuyo objeto era el humano. Aún así los científicos del comportamiento quieren retomar los elementos de una física que ya no existía desde 1956, baste citar a Oppenheimer en su discurso a los psicólogos de la American Psychological Association: “El peor de todos los posibles errores – les dijo en esa memorable ocasión- sería que la psicología fuera inducida a modelarse a sí misma sobre una física que ya no existe, que ha quedado completamente superada en el tiempo y que desde hace muchos nosotros desechamos” (Oppenheimer, 1956 en Martínez 2004) Es importante esta cita puesto que los métodos que la psicología ha retomado están basados en esa forma de ver el mundo, separado del sujeto.

También es importante mencionar una de las más interesantes actas del simposio sobre la filosofía de la ciencia en la Universidad de Chicago en 1969, en donde se hacen trizas las tesis fundamentales del positivismo lógico y que se hace necesaria mencionarlas.

  • Abandono del programa original de la ciencia unificada.

  • La incongruencia conceptual entre conceptos o principios teóricos su pretendida fundamentación en “observaciones sensoriales directas”.

  • La interpretación usual de las reglas de correspondencia, como definiciones operacionales de términos teóricos, es insatisfactoria ya que esas reglas sólo vinculan unas palabras con otras palabras y no con la naturaleza.

  • La advertencia a los filósofos (sorprendente, por ser parte de Carl Hempel, antiguo miembro del Círculo de Viena) de que no sobrevaloren “la importancia de la formalización, incluyendo la axiomatización porque tales axiomatizaciones son más un estorbo que una ayuda” (p.277) , de hecho –Según Kuhn- “la analogía entre la teoría científica y un sistema matemático puro (...) puede ser engañosa y, desde varios puntos de vista, hemos sido víctimas de ella” (p. 515).

  • Que “no tratemos los formalismos matemáticos como si fueran verdades fijas que ya poseemos, sino como una extensión de nuestras formas de lenguaje (...) o como figuras efímeras que podemos identificar en las nubes (tales como caballos, montañas, etc.)”

  • Que no se tome como espejo ni se extrapole la ciencia de la mecánica (que es muy excepcional, como modelo matemático puro), a otras ciencias naturales cuyos conceptos forman agregados o cúmulos atípicos, asistemáticos y no axiomáticos.

  • La preferencia de modelos taxonómicos, icónicos, gráficos, computacionales, etc., en lugar de los axiomáticos, para varias ciencias.

  • La aceptación de la lógica del descubrimiento (que había sido relegada a la psicología y a la sociología) como diferente de la lógica de la justificación y como condición para poder entender el algoritmo de la confirmación, verificación, corroboración o falsación de teorías.

  • La idea de que una ciencia natural no debe ser considerada meramente como un sistema lógico, sino, de modo más general, como una empresa racional, que tolera incoherencias, inconsistencias lógicas e, incluso, ciertas contradicciones.

  • El señalamiento de que el defecto capital del enfoque positivista fue la identificación de lo racional (mucho más amplio) con lo meramente lógico.

  • Y, en bien, que “ha llegado la hora de ir mucho más allá de la imagen estática, instantánea, de las teorías científicas a la que los filósofos de la ciencia se han autolimitado durante tanto tiempo”, ya que la concepción heredada, con el positivismo lógico que implica, “ha sido refutada” (p.16), “ es fundamentalmente inadecuada e insostenible y debe sustituirse” (pp.89-145), ha sufrido “un rechazo general” (p.89), y, por ello, “ha sido abandonada por la mayoría de los filósofos de la ciencia” (p.149.” (Martínez, 2004)

Con estas propuestas, la ciencia como modelo unificado de entender al mundo sin divagaciones, queda hecho a un lado.

Pero es injusto hablar del positivismo solamente, es importante hacer un recorrido aunque sea breve de lo que el conocimiento científico ha representado para los sujetos de la historia. Empezaremos como siempre con algunas preguntas rectoras.

¿Cuál es la relación de la Filosofía, la Epistemología y la Ciencia con el psicoanálisis?

Sin ánimo de realizar un estudio filosófico, puesto que no se tiene esa formación, puede decirse que la relación que la ciencia ha tenido con la filosofía, la epistemología es por demás estrecha, con respecto al psicoanálisis podríamos aventurar que la ciencia tiene una relación imposible con la ciencia y también con la filosofía. Imposible puesto que en sus inicios la investigación psicoanalítica pretendía ser parte de la ciencia natural ¿qué otra cosa puede ser? decía Freud en algunas lecciones elementales sobre psicoanálisis publicadas en 1940. Aún así, difícilmente podría hablarse de lo que es la Filosofía, porque no hay LA “Filosofía”, sino una serie de visiones, explicaciones, formas de entender al mundo, formas de cuestionarse por la existencia, citamos al maestro Xirau: “Ante nuestro propio misterio siempre surge la misma pregunta: ¿por qué, por qué la vida? Y con esta pregunta, una segunda pregunta: ¿para qué, para qué nuestra vida? Hombres a la vez perdidos y encontrados en un mundo que desconocemos, nos vemos llevados por la inquietud, por el desasosiego y por la esperanza. Las preguntas acerca del sentido de la vida son un hecho, se las han planteado, desde lo más antiguo de la historia, todos los hombres, se las han planteado los poetas, se las han planteado los artistas. Se las plantean, desde que la filosofía es filosofía, los filósofos.

Hay que entender la filosofía como una cuestión de vida que es también cuestión de supervivencia más allá de la vida. A la pregunta acerca del sentido de la vida, a la necesidad de interrogarnos acerca de nuestro propio modo de ser para encontrar una razón de ser, responde la parte más antigua, también fundamental, de la filosofía: la metafísica.... “[2]

En ese sentido, la filosofía no es algo que esté alejado de nosotros, todos filosofamos, porque tenemos posiciones al respecto de la vida, pensamos que la vida tiene un sentido específico a alcanzar o pensamos que no tiene sentido alguno y que cada cual se inventa su propio sentido-sinsentido. La filosofía se encarga entonces de problemas que no son sólo del ámbito de la ciencia sino de todos aquellos que tengan que ver con la vida, es una actividad racional reflexiva, que construye sus propias críticas y aportaciones teóricas que no son susceptibles de comprobación científica sino que lo son a la crítica constante de sus propias reflexiones desde la lógica hasta métodos de la vida ordinaria.

Si esto es así, lo que sigue en orden menos general que respondería a una de las preguntas fundamentales de la filosofía ¿cómo conoce el sujeto?, pero, en ese cómo conoce el sujeto también observamos que existe una amplísima variedad de respuestas, respuestas que llevan de cualquier manera a una aporía. Esas respuestas tienen que ver con una determinada forma de ver el mundo es decir con una filosofía.

La Epistemología puede considerarse como la parte de la filosofía que se encarga de los problemas del conocimiento, parece que sustituye a términos como filosofía de la ciencia o teoría del conocimiento, incluso algunos epistemólogos utilizan los términos de manera indiferenciada. Nos presenta, cuestiona, reflexiona sobre la forma de producir conocimientos y los cambios que han tenido estas formas. Es así como se entiende la producción de conocimientos desde la revolucionaria forma científica clásica hasta el cuestionamiento paradigmático del dato duro y la aceptación de nuevas formas de obtener conocimiento como el paradigma cualitativo que integra otros tipos de obtención de conocimiento, como la teoría crítica, la hermenéutica, la fenomenología, la dialéctica que aunque no pasan la prueba de la cientificidad clásica son cada vez mayormente tomadas en cuenta sobre todo en fenómenos sociales.

La Epistemología tiene también historia, que nos habla de las diferentes posiciones de ver al conocimiento que responden a diferentes maneras del ver al mundo, de tal suerte que todos estos conceptos: Filosofía, Epistemología, Teoría, Ciencia y Método están íntimamente relacionados, puesto que no se puede hablar de uno sin que estén presente los demás. Podríamos decir que el conocimiento científico está considerado dentro del conocimiento filosófico, pero no se agota ahí, cada uno de esos conocimientos tienen ámbitos específicos. El conocimiento filosófico reflexiona sobre lo que la ciencia no tiene alcance y le da posibilidades de lectura a esos conocimientos.

El conocimiento científico para arribar a ser lo que es, necesitó de una serie de saltos que podríamos llamar cualitativos, podemos decir que el conocimiento científico fue construyéndose desde la Grecia clásica donde la explicación de los fenómenos es resultado de la abstracción de lo sensible para llegar a lo abstracto. Sabemos por Eratóstenes desde Alejandría que ese pensamiento era creativo ya que determinó en el siglo III A. de C. El diámetro de la tierra. Aristarco sabía que la tierra era un planeta que giraba alrededor del sol. (Conocimiento este último del que no ha podido establecerse su desarrollo para llegar a tales conclusiones) Esto muestra que el pensamiento humano sobrepasa las ataduras consideradas históricas. Aquellas que entendiéramos como producto únicamente de las condiciones sociales. Aunque también hay que decirlo, esto no siempre es así puesto que los conocimientos se daban con base en lo que podía ser percibido por los sentidos, las sensaciones eran la base de todo conocimiento científico. Sin embargo el conocimiento científico y lo que la ciencia proporciona tiene limitaciones en el tiempo. Lo que es verdad ahora, no lo será mañana, tal es el caso del flogisto que era considerado como un “hecho comprobado” por la Enciclopedia Británica en su primera edición y en publicaciones posteriores de la misma no existía (Martínez,2004). Esto muestra lo endeble del conocimiento científico y su relativa validez. No por ello hay que menospreciarlos.

No es objeto de este documento enfatizar la rebeldía que necesitó el conocimiento científico, para agrandarse sobre todo en la edad media donde el poder político de la iglesia retrazó el avance de la ciencia, pero es preciso señalarla. Esa rebeldía permitió al sujeto humano ver las cosas de otra forma, le permitió tener una serie de rupturas epistemológicas que le hicieran concebir el mundo de otra forma, romper con las evidencias engañosas que proporcionaban los sentidos para crear diferentes construcciones sobre los fenómenos, de modo que explicar al mundo fuera de otra forma, para ello se basaban no sólo en la experiencia sino en el método experimental y en el análisis cartesiano, en el método axiomático-deductivo. De ahí que las construcciones creadas por la ciencia se ponían a prueba con la “realidad” y si pasaban la prueba de la verificación y objetividad entonces podían considerarse científicas.

Así puede entenderse que las posiciones que desde Locke, Hume, J.S. Mill, Comte y Mach entre otros que consideraban a la sensación y a la verificación empírica, la cuantificación aleatoria de las medidas, como piedras angulares del conocimiento científico hayan sido de alguna manera continuadas por Newton, Bacon, Galilei y Descartes donde se separó radicalmente la ciencia de la filosofía, pues anteriormente eran consideradas como una sola. De cualquier forma la contrastación y comprobación de los datos era fundamental para la obtención del conocimiento científico, de tal suerte que en ellos se basa fundamentalmente la construcción del paradigma científico-positivista. Modelo que revolucionario en su momento, creador de un sinnúmero de conocimiento científicos y que por ello se supuso que todos los conocimientos debían alcanzar ese estatus para ser tomados en cuenta. El círculo de Viena enarbolando al positivismo lógico continúa con esa tradición. Desde ahí hasta todavía hoy, se distingue notablemente el valor de la “Objetividad” que vendría del objeto, que indicaría que se le quitaría toda esa basura interpretativa, para que sólo quedara el mero y objetivo conocimiento científico, nada que ver con la “subjetividad” que vendría del sujeto y que entonces podría considerarse por ese simple hecho como falso, como descalificado, rodeado de todo aquello que la ciencia desdeña. Sin embargo, todo conocimiento tiene siempre un sujeto, aquel que lo construye, por lo tanto, reconoce Martínez (2004), todo conocimiento será también “subjetivo” y “personal”, aun cuando tenga componentes que vienen del objeto exterior.

En ese sentido son diversos los discursos Epistemológicos conducen a diferentes concepciones del sujeto y a su vez como toda concepción filosófica a una aporía, a un problema que no tiene solución, o tantas, dependiendo del punto de vista del que está inmerso en la búsqueda. Por eso la Epistemología se refiere al estudio de la genealogía, a la manera foucoultiana y la estructura de los discursos de las ciencias y otras formas del conocimiento humano. La ciencia, esa actividad humana de producción de conocimiento que tiene un cuerpo organizado sobre el que basa su saber que se distingue de otras formas de producción de conocimientos que tiene, a saber, características específicas: el conocimiento del que trata es un conocimiento racional, que se refiere al mundo material o naturaleza, cuyas regularidades quiere encontrar, explicar y predecir; obtenido mediante un método experimental, del cual forman parte la observación, la experimentación y las inferencias de los hechos observados; es sistemático porque se organiza mediante hipótesis, leyes y teorías, es un conocimiento objetivo y público, porque busca ser reconocido por todos como verdadero o, por lo menos, ser aceptado por consenso universal, así lo considera el diccionario de filosofía Herder.(1997)

La ciencia entonces trata de encontrar las regularidades en los fenómenos, explicarlas y predecirlas esto responde a considerar que el objeto está ahí, separado del sujeto, que es independiente y de lo que se trata es de extraer de él “objetivamente” todo el conocimiento verificable posible, desechando todo lo accesorio que en este caso sería el punto de vista del observador. Pero (siempre hay uno o varios), este paradigma de la ciencia no se sostiene ni por las propias ciencias fácticas, el pensamiento y la inteligencia de los sujetos humanos siempre van más allá de lo que cualquier limite establezca. Los conocimientos obtenidos por la ciencia dieron varios saltos, diferentes maneras de ver la ciencia dependiendo de los períodos históricos, desde considerar a la ciencia como producto de la captación de los órganos de los sentidos en la época de la Grecia clásica, considerarla como un producto racional del sujeto cartesiano de la conciencia, donde la propuesta justamente era dudar de cualquier cosa que se considerara como verdadera, o bien como un producto evolutivo del conocimiento teológico, metafísico para llegar al positivo, que estaría libre de cualquier tentación anterior porque se basaría en datos perfectamente observables y verificables, también como resultado de la acumulación de cambios cuantitativos para llegar a un cambio cualitativo, que a través de las contradicciones inherentes a todos los fenómenos se producen, así como los que ponían a prueba los conocimientos a través de la falibilidad de las hipótesis, entre más falseable una hipótesis, más científica y mayor determinación sobre lo que causa un evento determinado, para no dejarlo a las múltiples posibilidades pseudocientíficas de explicación, o bien los que consideraban que era mejor tener una teoría y no abandonarla hasta que las inconsistencias fueran tantas que hubiera que cambiarla, pero había que considerar un núcleo duro de la teoría, para que no se abandonara tan fácilmente, rodeado de cinturones heurísticos negativo y positivo de dentro hacia fuera, que la protegieran de las avanzadas de la falsificación y que explicaran y predijeran fenómenos, que promovieran programas de investigación progresistas, o bien, la concepción de la ciencia como un proceso histórico que ha atravesado por diferentes periodos paradigmáticos, cuyos paradigmas sufren cambios, un paradigma determinante es considerado como el periodo de la ciencia normal, luego esta ciencia acumula anomalías y surge un periodo pre-paradigmático donde puede tomar varias posibilidades sin ser una la determinante, hasta que un sistema adquiere aceptación general y se convierte en el nuevo paradigma, paralelamente, los mismos científicos naturales distinguieron que el carácter simbólico y limitante del lenguaje científico no daba una descripción literal o estructural del mundo objetivo, que sus conceptos eran una réplica de la naturaleza. Para los psicoanalistas, esto último es contundente y se confirma la manera de ver la ciencia desde el psicoanálisis Lacaniano, como tratar de aprehender lo real a través de lo simbólico dejando de lado el registro imaginario del sujeto y no como si la producción científica no respondiera al deseo productor de la ciencia, como si el productor de la ciencia no fuera un sujeto tachado.

Pero, si continuamos con el razonamiento de que son las mismas ciencias naturales como la física las que determinan que los fenómenos dependen y son relativos de los sujetos nos percataremos que Einstein relativiza los conceptos de tiempo y espacio, se introduce el principio de indeterminación. Lo que sucedía para la materia clásica no se conservaba para los niveles atómicos o subtatómicos, se acaba con el principio de causalidad: un fenómeno X debe producir un efecto Y. La realidad objetiva se evaporó, lo que se observaba no era la naturaleza en sí, sino la naturaleza expuesta a un determinado método de interrogación. Los conceptos de sujeto y objeto perdieron consistencia puesto que no habría ningún Objeto de estudio sino fuera por un Sujeto que se preguntara por él y que lo investigara. Esto querría decir que si bien lo que conocemos como planeta tierra pudiera existir sin los seres humanos, no habría quién se preguntara por él para conocerlo. De hecho, el planeta tierra es un efecto, una producción del lenguaje. La ciencia entonces se entiende como un sistema de creencias con que se está comprometido, que construye conocimientos personales.

Para mostrar el cambio en la concepción de la ciencia, no hay que olvidar que tan solo en el simposio internacional sobre la Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Chicago llevado a cabo en 1969 fueron los propios científicos naturales quienes abandonan el proyecto de la unificación de la ciencia, determinaron la incongruencia conceptual entre los principios teóricos y su pretendida fundamentación en observaciones sensoriales, en fin, determinaron que no había tales reglas de correspondencia entre definiciones operacionales y términos teóricos puesto que esas reglas de correspondencia relacionaban palabras siempre con otras palabras y no con los fenómenos de la realidad.

Las teorías se modificaron, esos cuerpos organizados de conocimientos, hipótesis y leyes confirmadas sobre la realidad, que establecían relaciones de deducción en las ciencias empíricas, cambiaron, ahora incluían un cuerpo de conocimientos coherentes en cualquier terreno, ya que todo conocimiento se obtiene en función de una teoría y una epistemología específica. Las teorías esas construcciones con consistencias lógicas, formas de organizar y sistematizar una serie de razonamientos e hipótesis explicarían y develarían lo que no es visible del objeto de conocimiento y los fenómenos. Por ello, todo dato, que es una interpretación de la realidad, está cargado de una teoría. No es ingenuo, ni inocente, el dato se construye bajo un óptica determinada. Es tan importante la teoría y la manera en cómo se construye ésta, porque nos permite entender el proceso y no tomar las teorías como dogmas incuestionables.

Nuevas formas de pensamiento e investigación surgieron bajo diferentes formas de concebir y problematizar el conocimiento como La Hermenéutica, la Fenomenología, la Teoría Crítica, el Estructuralismo. Los sujetos son efectos del lenguaje, de construcciones, también los conocimientos son construcciones, la naturaleza, la realidad no es algo separado del sujeto, es una construcción del mismo. Estas teorías requieren de otros Métodos de investigación y de otro paradigma. Si las ciencias requerían antes del paradigma cuantitativo donde el dato reflejaba la realidad, donde se buscaban las relaciones causales, las nuevas formas de investigación requieren más allá del paradigma cualitativo, porque la realidad se concibe como sistema dinámico que requiere no una lógica lineal sino una lógica dialéctica donde las partes contengan su contrario, desde el punto de vista del todo y también de las partes. Para estas nuevas metodologías, no hay hechos sino interpretaciones. Una nueva forma nueva de concebir al Método, no como una manera rígida, ni una receta de cocina para hacer ciencia, no como una serie de pasos ordenados que si seguimos a pie juntillas, nos permitirán alcanzar el conocimiento científico o de algún otro tipo, sino algo que puede hacerse en el camino, puesto que habrá que seguir caminos desconocidos para llegar a lugares desconocidos.

Si bien es cierto que cuando se hace una pregunta, el investigador tiene ya una respuesta posible y que requiere de un plan para llegar a lo que busca, también es cierto que el azar interviene y el deseo del investigador también. Por eso el método es el gran organizador que proporciona qué elementos han de considerarse, los pasos que han de seguirse para abordar determinado fenómeno, el orden de los mismos etc. Por esas razones, el método determina las técnicas utilizadas para la obtención información, “la técnica representa las etapas de operaciones limitadas, unidas a unos elementos prácticos, concretos, adaptados a un fin definido, mientras que el método es una concepción intelectual que coordina un conjunto de operaciones, en general, diferentes técnicas” Grawitiz (1975)

Sin embargo a pesar de todo lo anteriormente planteado, significaría que “¿toda la verdad es relativa? o ¿existen planos en los que podemos localizar verdades universales?, es decir que rebasen las fronteras históricas y geográficas y puedan considerarse transhistóricas y transgeográficas, ¡si!” Pregunta y contesta Tappan(2004) Es decir, que pueden considerarse todas la posibilidades al mismo tiempo.

Esto querría decir que entonces se requerirá de un nuevo paradigma al que ya apuntaban Adorno, Habermas de la teoría Crítica, Gadamer desde la Hermenéutica, en el sentido que no se refiere a la transformación de cada ciencia en particular, sino el paradigma mismo de la ciencia, “emergente” le llama Edgar Morin que contemple un fenómeno y lo contrario, las luces y las sombras, la linealidad y multidimensionalidad : El paradigma de la Complejidad que propone el cambio de un método de disyunción/reducción/unidimensionalización por uno de distinción/conjunción que permita distinguir sin desarticular, asociar sin identificar o reducir, también es importante señalar que para Morin, complejidad no significa completud, si aspira a rendir cuenta de las articulaciones entre los campos disciplinarios, a la multidimensionalidad. No se considera como la eliminación de la simplicidad, el pensamiento complejo integra lo más posible los modos simplificados de pensar pero rechaza las consecuencias reduccionistas que mutilan la realidad. Se contempla también en este paradigma de la complejidad, la incertidumbre, la indeterminación, los fenómenos aleatorios, cierta mezcla de orden y desorden, de manera no trivial, prudentes para esperar lo inesperado sin rechazar la claridad, el orden y el determinismo, pero se sabe muy bien que son insuficientes. Se busca entender y guiar la interpretación de las interpretaciones y la explicación de las explicaciones.

Ni incluso las investigaciones de las neurociencias aún cuando se han visto modificados por este paradigma, donde se considera que el cerebro utiliza principios holográficos para el almacenamiento de información de modo de conservar la información de la totalidad, puesto que el aprendizaje no se reduce a la organización ordenada en jerarquía de estructuras sino que toma en cuenta la capacidad, la velocidad, sutileza y complejidad de las actividades del cerebro. Por ejemplo para que pueda decirse es tal cosa, se presenta un ir y venir entre la imagen física y el centro cerebral correspondiente de cien y hasta cien mil veces, pero este significado será muy diferente de acuerdo a ese mundo interno personal de cada sujeto.

Sin embargo, aún así el psicoanálisis se distingue de todas estas ciencias, más aun de las neurociencias porque considera que si bien el cerebro es indispensable para el psiquismo, no está ahí en los neurotransmisores ni en su intercambio, no se encuentra en el cerebro, el psiquismo está dado por la inscripción en el lenguaje, marcado por la falta y en consecuencia por el deseo. Por ello no tiene un lugar ni en las ciencias ni en las filosofías ni paradigmas. ¿Qué lugar tendrá entonces?

Y el psicoanálisis, ¿dónde se sitúa?

Desde sus inicios, el psicoanálisis de Freud, trataba de ser incluido en el campo científico de las ciencias naturales, por ello el diccionario de psicoanálisis de Laplanche y Pontalis lo concibe como:

1° Un método para la investigación de procesos mentales prácticamente inaccesibles de otro modo;

2° Un método, basado en esta investigación, para el tratamiento de los trastornos neuróticos;

3° Una serie de concepciones psicológicas adquiridas por este medio y que en conjunto van en aumento para formar progresivamente una nueva disciplina científica.

Un método para la investigación de procesos mentales que son inaccesibles de otra manera, un rector de la técnica que produce efectos que de otro modo serían inalcanzables, un método de investigación diferente al de los demás saberes, uno donde el analista no hace de guía ni trata de encontrar ningún resultado, digamos que es el método en donde ninguno, ni analista ni analizante sabe hacia donde va a ir esta investigación. Y, pensaba Freud una serie de concepciones adquiridas, (Construidas, diría el mismo Freud en Construcciones en el análisis ) que irían en aumento para formar ese saber reconocido por la ciencia, es más, pasaría a formar parte de ella. En una ciencia cuya episteme (conocimiento absolutamente cierto y demostrable) no tuviera lugar a dudas. ¿De qué Episteme se estaría hablando aquí? En retrospectiva podríamos decir que de la existencia del inconsciente y de todas sus implicaciones, la sexualidad infantil, de la represión, del complejo de edipo. Del lado de Lacan, del inconsciente estructurado como un lenguaje, del estadio del espejo y la constitución imaginaria del yo entre otros lakatosianamente hablando.

Antes de entrar en la cuestión de si es ciencia o no, lo que podemos decir es que el psicoanálisis es producto de la investigación netamente, de aquella escucha que no se conformaba con utilizar conceptos precisos, sino de irlos construyendo bajo una serie de ideas abstractas con las que debatía permanentemente. Veamos lo que dice de esto en Las pulsiones y destinos de pulsión:

Muchas veces hemos oído sostener el reclamo de que una ciencia debe construirse sobre conceptos básicos claros y definidos con precisión. En realidad, ninguna, ni aun la más exacta, empieza con tales definiciones. El comienzo correcto de la actividad científica consiste más bien en describir fenómenos que luego son agrupados, ordenados e insertados en conexiones. Ya para la descripción misma es inevitable aplicar al material ciertas ideas abstractas que se recogieron de alguna otra parte, no de la sola experiencia nueva. Y más insoslayables todavía son esas ideas -los posteriores conceptos básicos de la ciencia- en el ulterior tratamiento del material. Al principio deben comportar cierto grado de indeterminación; no puede pensarse en ceñir con claridad su contenido. Mientras se encuentran en ese estado, tenemos que ponernos de acuerdo acerca de su significado por la remisión repetida al material empírico del que parecen extraídas, pero que, en realidad, les es sometido. En rigor, poseen entonces el carácter de convenciones, no obstante lo cual es de interés extremo que no se las escoja al azar, sino que estén determinadas por relaciones significativas con el material empírico, relaciones que se cree colegir aun antes que se las pueda conocer y demostrar. Sólo después de haber explorado más a fondo el campo de fenómenos en cuestión, es posible aprehender con mayor exactitud también sus conceptos científicos básicos y afinarlos para que se vuelvan utilizables en un vasto ámbito, y para que, además, queden por completo exentos de contradicción. Entonces quizás haya llegado la hora de acuñarlos en definiciones. Pero el progreso del conocimiento no tolera rigidez alguna, tampoco en las definiciones. Como lo enseña palmariamente el ejemplo de la física, también los «conceptos básicos» fijados en definiciones experimentan un constante cambio de contenido [3]

Parece que la cita es ineludible, Freud considera que ninguna ciencia, ninguna, comienza con conceptos precisos, se describen los fenómenos, se agrupan, se ordenan y se interconectan, bajo ideas abstractas, después de un largo proceso serán definiciones flexibles, sin rigidez, puesto que experimentarán un constante cambio de contenido. Si esto es así, no había entonces para Freud conceptos inamovibles, totalidades sin espacio para la duda, Freud nos hablaba ya de lo que ha sido su distinción desde el inicio: la imposibilidad de la totalidad. También puede notarse que se habla de la misma construcción de la teoría psicoanalítica en ese escrito. No todo estaba dicho. Nunca todo, eso lo diría Lacan.

Por otra parte, el método psicoanalítico confluye con el tratamiento, la investigación en psicoanálisis a la manera de Héctor Gallo se hace por psicoanalistas, ahí en el dispositivo analítico con la escucha, que no es poca cosa, en ese dispositivo, lejos de utilizar técnicas sofisticadas, lo interesante es que el analista se abstiene de utilizar cualquier cosa que no sea la escucha no para probar cosa alguna, sino para que sea el saber del otro, a través de la palabra emerja. Método y técnica confluyen, por ello no es posible hablar de la clínica psicoanalítica sin la teoría y viceversa. La teoría que fue construyéndose a través de la problematización de los casos de Freud, el método que siguió no era rígido, debido a ello se separó para siempre de lo que sería el conocimiento científico entendido como el conocimiento que determina las razones de causalidad lineal. Freud lo tenía claro, así nos lo hace saber en Inhibición, Síntoma y Angustia que en términos psíquicos, no puede establecerse una causalidad única, que no puede aislarse completamente el factor causante como en el caso de una bacteria. Ilusión de todos los científicos Popperianos utilizadores del método hipotético-deductivo para despejar las posibilidades que no determinaban los resultados. Para Popper bien es sabido que el psicoanálisis no era una ciencia porque no resistía las falsaciones, ya que cualquier situación era explicable aunque fuera contradictoria y según su método, una situación debía eliminar las posibles causas que no la originaban para determinar con exactitud cual era la que lo hacía.

Para Freud que no pensaba de esa manera, era posible entonces que de ser así, no habría una sola causa y mucho menos dentro del inconsciente. Habría lo que Freud construyó, armó como la realidad psíquica, que no tendría que ver con los hechos de la “realidad” convencional sino que estaría determinada por el psiquismo, estaría determinada por la causalidad psíquica.

Podemos entonces contestar las preguntas implicadas anteriormente ya que si lo anterior es así, el psicoanálisis no está en el terreno de la ciencia, ni siquiera desde la posición cualitativa. No formula categorías para una serie de sujetos, mucho menos plantea situaciones probabilísticas.

No está ni estará en el campo de la ciencia porque no encuentra las regularidades en los fenómenos ni puede ni quiere predecirlos, más bien analizarlos. A pesar de lo Freud pensaba[4] y a pesar de lo que Lacan trataba de mostrar a través de las llamadas ciencias conjeturales, utilizando la formalización matemática para ser riguroso en la transmisión del psicoanálisis.

Sin embargo podemos preguntar con Braunstein ¿qué sería de la ciencia si hiciese lugar a la pregunta por el sujeto que la hace y por el sujeto que ella produce, si incluyese a lo que por su exclusión la define y la constituye?[5]

La ciencia para Lacan, se encarga entonces, y por eso es ciencia, como lo decía en la clase 2 y 3 del seminario13, salvar a la verdad, lo que quería decir no querer saber nada de ella, no aquella de la experiencia o del conocimiento científico, sino la otra verdad esa de la que no se quiere saber nada. Sin embargo, plantea otra posición que nombra como “gozar la verdad” refiriéndose a la pulsión epistemofílica , la pulsión de saber, “el saber como goce en la opacidad que entraña en el abordaje científico del objeto, es ese otro término de la antinomia. Es entre estos dos términos que debemos aprender lo que concierne al sujeto de la ciencia”[6]. ¿De cuáles términos hablaba Lacan? No pueden ser otros que el saber y la verdad. Entre seos dos términos, no es de gratis la preposición entre, porque entre esos dos términos entre esos campos, en la intersección se encuentra el sujeto de la ciencia no el del psicoanálisis. De una ciencia que pretende ser objetiva por ello elimina la subjetividad del sujeto. Sin embargo insistimos en la pregunta de Lacan ¿qué saber si no es el saber del psicoanálisis plantea cuestiones sobre el sujeto?, sujetos del inconsciente, sujetos escindidos en su saber mismo, como dimensiones inescapables del ser presentes en toda actividad humana, incluyendo a la ciencia y a su productor, el científico[7]

El psicoanálisis tampoco está dentro del campo de la filosofía no solo porque la conciencia no es objeto del psicoanálisis, sino porque el inconsciente de los filósofos no es el inconsciente freudiano y sobre todo porque su objeto tiene que ver con el trabajo clínico, con el sufrimiento de los sujetos. Sobre la filosofía es desde Inhibición, Síntoma y Angustia que Freud habla acerca de dejar a los filósofos responsables de las cosmovisiones, cosa que no haría el psicoanálisis, pues su deseo era que esta forma de investigación estuviera dentro del campo de la ciencia y fuera reconocida. Recordemos la cita: “Yo no soy en modo alguno partidario de fabricar cosmovisiones. Dejémoslas para los filósofos, quienes, según propia confesión, hallan irrealizable el viaje de la vida sin un Baedeker así, que dé razón de todo. Aceptemos humildemente el desprecio que ellos, desde sus empinados afanes, arrojarán sobre nosotros. Pero como tampoco podemos desmentir nuestro orgullo narcisista, busquemos consuelo en la reflexión de que todas esas «guías de vida» envejecen con rapidez y es justamente nuestro pequeño trabajo, limitado en su miopía, el que hace necesarias sus reediciones; y que, además, aun los más modernos de esos Baedeker son intentos de sustituir el viejo catecismo, tan cómodo y tan perfecto. Bien sabemos cuán poca luz ha podido arrojar hasta ahora la ciencia sobre los enigmas de este mundo; pero todo el barullo de los filósofos no modificará un ápice ese estado de cosas; sólo la paciente prosecución del trabajo que todo lo subordina a una sola exigencia, la certeza, puede producir poco a poco un cambio. Cuando el caminante canta en la oscuridad, desmiente su estado de angustia, mas no por ello ve más claro.”[8] También en esta cita podemos identificar al conocimiento científico como productor de conocimientos que arrojan poca luz y que estas construcciones, como cualquiera otra, bajan la angustia aunque no aporten conocimientos validos, crítica no sólo a los filósofos conciencialistas sino a los científicos apresurados.

EL PSICOANÁLISIS

Respecto de la producción científica a las diferentes Epistemologías y también al respecto de los diferentes saberes, el psicoanálisis tiene una posición, no podríamos decir que una posición FRENTE a ellas porque no están en confrontación, son como lo diría el mismo Freud: “Se ha dicho que el oso polar y la ballena no pueden hacer la guerra porque, hallándose confinados cada uno en su elemento, les es imposible aproximarse. Pues bien: idénticamente imposible me es a mí discutir con aquellos psicólogos y neurólogos que no reconocen las premisas del psicoanálisis y consideran artificiosos sus resultados”.[9] En ese sentido no se trata de colocar al psicoanálisis por encima o debajo de otro saber, se trata de identificar la originalidad de este método y entender sus posiciones al respecto de los demás saberes, ¿querría decirse que se trataría de establecer una lucha para saber quién tiene la razón, la verdad?. Eso está descartado desde Freud mismo, ningún saber tiene la totalidad sin falla de las explicaciones. ¿Se trata de descalificar otras investigaciones con respecto a la subjetividad?. De ninguna manera, se trata de entender y aceptar las diferencias y que queden claras las posibilidades de explicación y acción.

Todo lo anterior permitiría saber lo que no es el psicoanálisis. No es aquélla práctica que explique los fenómenos a través de una causalidad lineal, tampoco es aquella que trate de establezca la verdad única, es aquella práctica que habla del deseo como esa construcción freudiana que le permite al sujeto devenir como tal, es aquél cuerpo de conocimientos que explican uno por uno los casos que se van presentando.

Si esto es así, una epistemología psicoanalítica, que no una filosofía, se entendería a la manera de Koren en el sentido de que apuntaría[10] a la posibilidad de una crítica exhaustiva y rigurosa de los fundamentos teóricos del psicoanálisis que permitan a la vez la afinación conceptual y la formalización conveniente de la teoría psicoanalítica con vistas a su coherencia y consistencia teórica y a su transmisión.[11] Esta epistemología estaría alejada de todo fundamentalismo y no podría ser de otra manera, puesto que la unicidad de cada caso no lo permitiría.

Entonces, esta epistemología del psicoanálisis estaría siempre en construcción porque siempre se estarían trabajando casos que estarían marcados por su unicidad. Esto evidentemente acarrea una contradicción teórica, ¿cómo es posible entonces que se puedan leer los casos de diferente manera con una serie de teorías que pertenecerían al núcleo duro del psicoanálisis a la manera en que plantea Lakatos? Es decir, ¿cómo enfrentar caso por caso con esas teorías sin ponerlas bajo sospecha puesto que cada caso necesitaría una lectura especial? Parece que con esto queda evidenciado que el psicoanálisis no está libre de contradicciones pero también parece que queda establecido que la epistemología del psicoanálisis siempre está en construcción, no hay totalidades, no hay todo, como bien lo plantearon en su momento Freud y Lacan cada uno a su manera.

Sin embargo es imprescindible señalar que aún cuando se hable de nuevos paradigmas complejos, donde se establecen nuevas formas de conocer, el conocimiento científico, está alejado pero implicado a su vez con el conocimiento psicoanalítico. En esa relación imposible, en la que se implican, se separan, se unen, se distinguen. Y si, el psicoanálisis se distingue de la ciencia porque no trata de encontrar cuestiones de regularidad, lo que distingue al psicoanálisis es el INCONSCIENTE, esta construcción freudiana que nos hace seres hablentes y que marca nuestra falta y en consecuencia nuestro deseo. El saber psicoanalítico se deriva de una serie de construcciones que realizó Freud, que al mismo tiempo nos hacen seres deseantes pero con una singularidad asombrosa, por lo que había que crear un método que hiciera surgir esa singularidad, ese método, como es sabido, se lo hicieron saber sus pacientes, al demandarle que querían hablar, “querían hablar” y al hablar se daba ese proceso de creación, de pasar por lo simbólico del lenguaje aquello que era difícil imaginar, aquella verdad que era negada por sus analizantes, que se develaba a través de los lapsus, de los sueños o de los actos más logrado que nunca y que llamó fallidos.

EL MÉTODO Y LA TÉCNICA PSICOANALÍTICA.

Una vez recorrido el camino de cómo se conciben los métodos y las técnicas en otros campos del saber, es importante formular las siguientes preguntas que permitan abundar sobre lo que se considera Método y Técnica en el Psicoanálisis. ¿En qué consiste la investigación psicoanalítica?, ¿En qué consiste entonces el Método Psicoanalítico?, ¿Cuáles son las técnicas que se aplican?.

Existen dos formas posibles para contestar estas preguntas, una desde lo que Héctor Gallo llama investigación con psicoanálisis en donde plantea que no hay que ser analista para abordar algún tema visto desde el punto de vista psicoanalítico, a saber: analizado con el conjunto de teorías que el psicoanálisis ha construido y que desde el punto de vista de Gallo deben reunir los siguientes elementos:

- Ha de plantear unos objetivos claramente definidos y acordes con la pregunta de investigación.

- El planteamiento que contiene la pregunta ha de llevar una argumentación realizada con rigor, que no es lo mismo que la exactitud.

- Se deben marcar anticipadamente los referentes fundamentales que guiarán el reconocimiento investigativo.

- Esta anticipación no es igual a una definición conceptual —promocionada como punto de partida—, sino que equivale a una localización de los ejes teóricos que se necesitan para evitar que la indagación se oscurezca, se desvíe, o se ahogue en los prejuicios y en las generalizaciones inútiles.

- Las preguntas e hipótesis fundamentales han de establecerse sin ambigüedad y articularse de principio a fin con el planteamiento del problema.

Que el sujeto sea lo particular de la investigación analítica, tanto en lo clínico como en lo cultural, de ninguna manera da licencia para descuidar, ya no desde la posición de analista sino de investigador social, elementos metodológicos como los que se acaban de anotar, y otros que ha de inventar concernientes ya no propiamente al planteamiento del problema sino al proceder investigativo.[12] Este tipo de investigación relaciona lo que tiene que decir el saber psicoanalítico sobre otros saberes, cómo es que el psicoanálisis abordaría tal o cual fenómeno, cosa no menor, puesto que es desde el saber psicoanalítico que puede pensarse y ahondar el conocimiento sobre un tópico determinado desde otra arista y es en esa arista donde el método de investigación con psicoanálisis puede ser confundido e incluso tratar de ser legitimado como una hermenéutica. No, de ninguna manera es así, el método hermenéutico puede servir a la ciencia e incluso al psicoanálisis pero se encuentra con infranqueabilidad de hacerse de categorías que interpreten al sujeto particular. Bien es sabido para los psicoanalistas que es la especificidad (dicho hasta la saciedad) de caso por caso como debe abordarse la investigación del sujeto. Cosa que nos lleva directamente a la otra manera de contestar las preguntas citadas, se refiere a la investigación psicoanalítica misma, a la utilizada por Freud a la que Gallo llama Investigación en psicoanálisis y sobre las que ineludiblemente tendríamos que decir el método psicoanalítico confluye con la teoría y con la técnica psicoanalítica, puesto que no hubiera sido posible una sin la otra, por eso es posible entender que la clínica y la teoría psicoanalítica no estén separadas. Fue a través de la clínica que la teoría se fue construyendo, gracias a la investigación freudiana, a la escucha que se fue dando paso al método.

Si como dijimos en apartados anteriores, el método es el organizador de la investigación, entonces el método psicoanalítico permite seguir la vía de lo único que es importante en este tipo de investigación: la palabra del analizante que de ninguna manera es poca cosa.

Parece que es imprescindible decir lo que el método y la técnica psicoanalítica no es para llegar a lo que es.

No es psicoterapia, algunos han hecho esta especie de mezcla-engendro: psicoterapia psicoanalítica. No es psicoterapia, no trata de eliminar los síntomas, no trata de restituir ninguna historia, ni trata de lograr determinados cambios en el sujeto, no intenta fortalecer al yo, ni ajustar o adaptar al sujeto a su medio ambiente, no utiliza accesorios cosméticos, ni sugestión, nada que sea sólo del terreno imaginario. Se abstiene de elaborar diagnósticos y pronósticos. No deja tareas ni se hace nada por el “bien”del analizante, sino por el bien del análisis y si este análisis provoca algunas veces supresiones de los síntomas, no es por objetivo del mismo, es un elemento accesorio que bien puede producirse, pero también puede no presentarse.

Analicemos cada una de estas aproximaciones de lo que no es el psicoanálisis.

No es psicoterapia. No es una psicología guiada por el racionalismo, no se trata de curar los males del analizante, como lo haría cualquier psicoterapia, no está cortada a la medida del paciente, no se empatiza con el paciente porque es justo de lo que el psicoanálisis evita, ya que lo colocaría en el terreno de lo imaginario especular, no hay una relación terapéutica, ni alianza. No maneja contingencias, no trata de reestructurar cognoscitivamente el mundo, no replantea formas positivas de ver al mundo, no trata de disuadir al sujeto de sus creencias que pueden ser consideradas como irracionales. Citemos a Coleman y Butcher: “La psicopterapia es la terapia dirigida primordialmente a los factores psicológicos de este trío[13]. Su uso está basado en la suposición de que aun en los casos en los que está presente la patología física, las percepciones, evaluaciones, expectativas y estrategias para hacerle frente a la vida del individuo, también han jugado su papel en el desarrollo del desorden y probablemente necesitarán cambiarse, si es que se va a producir una recuperación. La creencia de que los individuos con problemas psicológicos pueden cambiar, o sea, que pueden aprender formas más adaptativas de percibir, evaluar y comportarse, es la creencia central que subyace a todas las psicoterapias”[14].

Es lo que sucede con el psicoanálisis concebido como psicoterapia por algunos clínicos en los Estados Unidos, para estos psicoanalistas de la psicología del yo, el psicoanálisis es una terapia que se basa en principios psicodinámicos para que el paciente tenga una vida más ajustada, veamos lo que dice Greenson: “La terapia psicoanalítica es una terapia causal; trata de contrarrestar las causas de la neurosis. Su objetivo es resolver los conflictos neuróticos del paciente, incluso las neurosis infantiles que sirven de núcleo a la neurosis adulta. Resolver los conflictos neuróticos significa reunir con el yo consciente aquellas porciones del Ello, el Superyó y el Yo inconsciente excluidas de los procesos de maduración del resto sano de la personalidad total”[15] Estos analistas leyeron de la forma que diría Lacan desconceptualizadamente a Freud. NO tuvieron en cuenta la inaccesibilidad del deseo, la spaltung freudiana.

No trata de eliminar los síntomas porque el mismo yo puede ser considerado un síntoma, que permite al sujeto conducirse por el mundo significante. Esa conjunción entre lo simbólico, lo imaginario y lo real. Ese yo que implica ciertas resistencias por no querer saber la verdad.

En eso radica lo subversivo del psicoanálisis, no hay un destino predeterminado porque no se tiene como centro la conciencia cartesiana, ni siquiera el inconsciente es el centro de nada, es más, Freud prevenía del furor sanandi, porque podía tener efectos resistenciales el curso del análisis.

No trata de restituir la historia. Menos a través del psicoanalista que pudiera colocarse en ese lugar de experto en el psiquismo y que le diría al sujeto lo que le pasa. La historia es entendida como una fantasmatización del sujeto que la coloca en coordenadas temporales. ¡Como si importara para el análisis que eso dicho por el sujeto pudiera constatarse!, si eso fuera así, no se entendería el concepto de realidad psíquica. En realidad no importa que lo que el sujeto dice haya pasado o no. Es importante porque está en sus fantasías y deseos. Es importante porque lo es para el sujeto en retrospectiva, porque da significación a ciertos eventos.

No intenta fortalecer al yo. Si el yo es considerado como un síntoma, el yo no es el soporte del psicoanálisis, es más bien su resistencia. Si se lee a Freud, se evidenciará que el yo es sólo una pequeña instancia de lo que consideró el aparato psíquico, es aquél que cree que dueño de la razón y cree que actúa de acuerdo a ella. La idea de fortalecer al yo vendría de hacer lo suficientemente fuerte a esa instancia para dominar a las otras y tener un yo razonable, siempre desde el punto de vista del psicoanalista.

No utiliza accesorios cosméticos. El psicoanálisis bien lo había descifrado Freud es diferente al tratamiento cosmético, al tratamiento desde el punto de vista imaginario, por eso suprime toda sugestión, toda intervención imaginaria del analista. No premia ni castiga el decir del analizante.

Se abstiene de elaborar diagnósticos y pronósticos. No aplica pruebas para determinar nada, si existe un diagnóstico en psicoanálisis sobre una estructura siempre es en futuro anterior, siempre en retrospectiva: “habrá sido neurótico”. No predice como la ciencia, lo que va a pasar y el tratamiento es el tratamiento analítico, el tratamiento de la palabra.

El psicoanálisis es un método que organiza una serie de técnicas que están cohesionadas al mismo método y a la teoría: el dispositivo analítico, la regla fundamental, la regla de la atención flotante, la escucha, la abstención, la escansión, la puntuación, incluso la ironía, la neutralidad, la vacilación calculada de la neutralidad, técnicas todas que en realidad hacen alarde de privarse de todo aquello que pueda causar un impedimento para que el análisis se lleve a cabo, que están soportadas por las construcciones teóricas freudianas.

También veamos cada una de ellas sin menoscabo de tomar en cuenta otras tantas.

El dispositivo analítico. Es aquel que permite que el análisis suceda, el diván donde el analizante no tiene a la vista al analista, impide toda especularización, no satisface la necesidad del analizante de aprobaciones o reprobaciones del analista, si bien viene de la herencia hipnótica de Freud, también es cierto que posibilitó que el analizante hablara sin tener esas claves especulares que le permitieran detener o cambiar su discurso en aras de complacer a aquel que escuchaba. Razón por la que el analista está fuera del alcance de la mirada del analizante, cosa importante de señalar puesto que algunos solo lo fundamentan en la confortabilidad del paciente.

La regla fundamental. Que el sujeto sea comandado bajo la consigna de: Diga todo lo que se le ocurra...

Es sabido para los analistas que es un imposible, el sujeto no puede decir todo, pero lo intenta aún cuando sus pensamientos le parezcan desagradables. Bajo esa consigna, es que se escucha la palabra del sujeto, palabra que le causará sorpresa, que lo llevará por caminos que ni siquiera imaginaba, con las que planteará preguntas que no sabía que tenía y respuestas que no sabía que sabía.

La regla de atención flotante. Donde no se privilegia parte alguna del discurso hasta que se hace por el mismo analizante.

La escucha. Parece que es tan fácil, pero la escucha en psicoanálisis implica renunciar al soporte yoico del analista, cosa bastante difícil de lograr. La escucha está basada en el saber de aquél que dice que no sabe, es a través de los significantes que se pronuncian que se escuchara el mismo, su propio mensaje en forma invertida según la fórmula lacaniana. La escucha requiere no preconstrucciones, no interpretaciones no elaboraciones teóricas. La escucha requiere de esa docta ignorancia que le permita al otro decir su verdad.

La abstención. En el analista es fundamental, el analista no califica, no consuela, no aprueba, no rechaza. A pesar de las reclamaciones del analizante, quien demanda opiniones, recomendaciones, tareas. El analista no responde a la demanda amorosa. Esto es importante de señalarlo porque es a través de la transferencia que el psicoanálisis puede llevarse a cabo y también es preciso señalarlo para indicar nuevamente la imposibilidad de separar teoría de clínica.

La escansión. La intervención en acto, por lo que Lacan fue separado de la Sociedad de Psicoanálisis de París y de la IPA que tiene que ver con el tiempo lógico, el tiempo de comprender así, la escansión, la detención de la sesión, la sesión corta, permite con el tiempo lógico, que surja en el discurso algún significante esencial que se señala recortándolo por otra parte, también impide al sujeto, sorprendido por lo que dijo, su completud imaginaria. La escansión como todo acto analítico es una apuesta que de la que no se verá su efecto mas que aposteriori.

La puntuación. Lo que el analista hace es escuchar los significantes de diferentes maneras, puntuarlos, darles multiplicidad de significaciones de acuerdo al decir de los analizantes. Leamos a Lacan mismo al hablar de ella. “Reflexionen sobre lo siguiente, que se destaca especialmente en las formas de las lenguas no secciónarlas: la puntuación es lo que juega ese papel de enganche decisivo, hasta el extremo de que un texto clásico puede variar de cabo a rabo según la pongan en un punto o en otro. Diría incluso que esa variabilidad se usa en gran medida para acrecentar la riqueza de interpretación, la variedad de sentidos de un texto; esa intervención que llamamos comentario en su relación al texto tradicional, juega precisamente sobre el modo de aprehender o de fijar, en un caso determinado, la puntuación.”[16]

La ironía. Que desde tiempos freudianos puede ser considerada una parte de la técnica siempre y cuando permita el análisis. El efecto que la ironía tiene depende de la puntuación y de la vacilación calculada de la neutralidad. Como en todas las que utilice, el analista debe dar cuenta de ello.

Neutralidad del analista. Que tiene que ver con la función del analista, ese no otro que está ahí para soportar con su cuerpo el análisis, que rehúsa a ser otro al que vayan dirigidas las demandas para que su hacer tenga la función de permitir el análisis. Incluso puede tener lugar la vacilación calculada de la neutralidad de la que el analista debe dar cuenta. Porque sabemos que en psicoanálisis siempre es no-todo. Así que la neutralidad en contadas ocasiones debe ceder para que el análisis prosiga.

Seamos lo más directos posibles, todas estas “técnicas” no sirven para nada si quien las aplica no es un psicoanalista que haya pasado por un análisis y que guiado por su deseo, esté conduciendo una investigación donde se produzca la verdad del sujeto, no la de ese sujeto supuesto saber, no bajo una teoría determinada sino se trata de la abstinencia de toda teoría, del silencio de la teoría para que aparezca la verdad, la de la del analizante. Por ello, si bien es cierto que todas estas técnicas son importantes, también es cierto que no son recetas. Nunca a la manera del psicoanálisis del Yo donde Analizar se entiende como la aplicación de técnicas que promueven el insight. Estas técnicas son: Confrontación, aclaración, interpretación y traslaboración, de éstos es la interpretación que carga de sentido a los eventos que dice el analizante. La interpretación significa para Greenson hacer conciente lo inconsciente, el significado, el origen, la historia, el modo o la causa inconsciente de un sucedo psíquico dado. ... El analista emplea su propio inconsciente, su empatía e intuición, así como sus conocimientos teóricos para llegar a una interpretación[17] que hará saber al analizante.

Por ello es que el silencio del analista, que sus señalamientos, sus escansiones dependen del decir del sujeto. La palabra del analizante es lo que es importante de manera que sea a través de ella que él descubra en su tiempo y en su momento su verdad. La verdad psicoanalítica, la de la castración. Para que el sujeto se cuestione su manera de posicionarse frente a la falta. Es así como el método se entiende entonces como una serie de elementos llevados a cabo en el dispositivo analítico que no obstaculizara el surgimiento de la verdad, la del inconsciente, hay que decirlo necesariamente. Si esto es así, podemos entender entonces que cualquier elemento llevado a cabo por el analista que coincida con lo anteriormente planteado podría ser considerado como parte del método.[18]

A contrasentido de lo anteriormente dicho, si esto no fuera así, parecería muy sencillo como lo hicieron muchos psicoanalistas, llevar un psicoanálisis, montando una especie de escena paradigmática, pensemos: el analizante no puede ver al analista, el analista guarda silencio y después interpreta ese decir sobre el psiquismo para cargarlo de sentido. Sin tener en cuenta a qué se debía (recordemos) a lo que Lacan llamó desconceptualización del psicoanálisis y si, la imitación de una escena, del silencio freudiano, tratando de “hacer conciente lo inconsciente” parecía ser lo mismo, sin embargo, el analista debe responder por aquello que hace. Y justo por ello es que el psicoanálisis se distingue en su investigación por ese objeto teórico construido por Freud llamado inconsciente que determina al sujeto ya que es el analizante, quien plantea las dudas, las hipótesis, es él quien hace y da las respuestas. El analista está ahí de soporte, con su silencio, hace que emane la verdad del analizante.

Ahora es posible aproximarse a la respuesta sobre ¿por qué se investiga? Desde cualquier punto de vista. La respuesta sería: porque se le quiere dar sentido a lo que sucede. Cargar de sentido nuestras explicaciones sobre el mundo y lo que nos rodea, el sentido baja la angustia, el que está en la intersección de los registros lacanianos de lo imaginario y lo simbólico.

Las ciencias dan sentido a los fenómenos que suceden pero también lo hacen las religiones, las disciplinas metafísicas y algunas filosofías, siempre postulándose como esos Otros grandes que son monolíticos pero que siempre terminan cayendo inexorablemente por la falta que los constituye. Desde esa perspectiva puede decirse acaso ¿qué el psicoanálisis es el área del saber que tiene la razón única en la explicación de los fenómenos psíquicos? La respuesta es contundente: NO, es una de las posibilidades de explicación del mundo, una más, pero esa forma tiene consistencia en sus explicaciones. Es una de las disciplinas del conocimiento que plantea esta incompletud acerca de las explicaciones, es aquélla que va en contra de sí misma en la cuestión de la totalidad de esas explicaciones. Es aquella que da consistencia acerca de una serie de fenómenos que tienen que ver con el psiquismo de los sujetos.

Aquél que plantea que para que un sujeto sea tal, debe estar atravesado por el lenguaje y eso desmitifica el asunto del ser humano “natural”, asimismo plantea que está constituido por una falta fundante.

Los psicoanalistas siempre investigamos. Ese es el oficio, la escucha, pero investigar no es encontrar las causas ocultas, sino lo que se vaya produciendo, eso que el sujeto no sabe que sabe. La investigación en psicoanálisis es cotidiana, se basa en la regla fundamental y en la de atención flotante.

En esa línea de pensamiento y para terminar este trabajo reiteremos que la investigación tiene muchos planos, cada área del saber humano tiene su propia versión de las causantes de determinados fenómenos. Es la ciencia, el saber que determina o más correctamente dicho “quiere determinar” las últimas causas de los fenómenos. Pero en la realidad psíquica la manera de abordar la investigación es otra. La investigación en psicoanálisis es inherente al trabajo clínico, pero esta investigación no pertenece al terreno de la ciencia, ni de la filosofía, tampoco es social ni pertenece al terreno lingüístico, aún así, estaría vinculada, separada, unida y excluida de todos estos saberes. Por eso no es impreciso decir que el Psicoanálisis es una disciplina del saber Sui Generis. La investigación psicoanalítica estaría entonces determinada por la propia pulsión de saber, la pulsión epistemofílica. Pulsión que estaría del lado del analizante. Saber aquello que evita saber, pero que sabe que emergerá, por eso regresa sesión tras sesión, porque no sólo no es juzgado, porque tampoco es alentado, simplemente tiene que hablar y al hacerlo pone en juego el derrotero del significante.

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Xirau Ramón. (2000) Introducción a la historia de la filosofía, Ediciones de la UNAM. México.

[1] Braunstein N. ACERCA DE LA CIENTIFICIDAD DEL PSICOANÁLISIS. Documento inédito, presentado en el Seminario de problemas científicos y filosóficos de la UNAM. 26 agosto de 1999.

[2] Xirau Ramón Introducción a la historia de la filosofía. 13ª , México, Ediciones de la UNAM, 2000.

[3] Freud Sigmund. Pulsiones y destinos de pulsión, OC. SE. Tomo XIV

[4] Podemos pensar que razonablemente debido al momento histórico del surgimiento del psicoanálisis

[5] Braunstein Néstor. Sobre La cientificidad del psicoanálisis Inédito.

[6] Lacan Jaques. El seminario. XIII, El objeto del psicoanálisis, clase del 8 de dic. De 1965.

[7] Ibid.

[8] Freud Sigmund. Inhibición, Síntoma y angustia. O.C. S. E. Tomo XX

[9] Freud Sigmund, , De la Historia de una neurosis infantil el “Hombre de los Lobos”, OC. SE. Tomo XVII.

[10] Koren afirma apuntamos a la posibilidad... por mi parte propongo el condicional “apuntaría” ya que desde mi particular punto de vista esta epistemología estaría en continua construcción

[11] Koren Daniel. Para una Epistemología del Psicoanálisis .

[12] Gallo Héctor, De la investigación psicoanalítica. Laboris N° 6, Buenos Aires, 2002, publicación de la Escuela de Postgrado

[13] se refiere a la triada de los factores biológicos, psicológicos y socioculturales causantes de las perturbaciones emocionales

[14] Coleman, Butcher, Psicología de la anormalidad y vida moderna. 2ª , México, Ed. Trillas 1990.

[15] Greenson, Técnica y práctica del Psicoanálisis. 11ª , México, Ed. Trillas. 1997

[16] Lacan. J. Seminario 3 Las psicosis. Clase 24 del 27 de junio de 1956.

[17] Greenson. Op. Cit.

[18] incluso el costo de las sesiones o cualquier elemento que pueda pensarse

#Método #TécnicaPsicoanalítica

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