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  • María del Carmen E. Franco Chávez

La Estructuración subjetiva y la Neurosis obsesiva


La estructuración subjetiva y la Neurosis Obsesiva

¿Cómo un sujeto llega a ser neurótico?, quizá la pregunta adecuada sería: ¿cómo un sujeto deviene sujeto? Es aquí donde la represión juega un papel fundamental ya que un sujeto no es sujeto si no hay un posicionamiento con respecto a la castración. Según la teoría psicoanalítica, en el caso de la neurosis es la represión, que en retrospectiva actuará para que los sujetos devengan como tales.

El papel de padre en este caso es fundamental ya sea en la neurosis obsesiva o en la histeria. En el primer caso, se habla de un padre castigador, amado y odiado, en el caso de la histeria es un padre idealizado, en el que la histérica se la juega toda por completarlo, aun cuando ella misma no lo esté. Parecería que la totalidad del otro la alcanzaría y la mantendría de esa manera. Pero, es a través de la seducción que la histérica se propone que el otro caiga, se desmorone para iniciar una nueva búsqueda de un nuevo Amo al que hará caer.

El padre siempre falla al manejar eso que siempre está de más o de menos que es el amor, siempre hay padre de más en el caso de la histérica y de menos en el caso del neurótico. Sin embargo instaura la ley, su nombre, el-nombre-del-padre para que el otro sea sujeto, aunque ese sujeto confunda la demanda del Otro con su propio deseo como es en el caso de la neurosis obsesiva. En la fobia como lo ilustra el caso “Juanito”, el padre es un padre permisivo que no cumple su función a cabalidad, es la fobia del niño la que convoca la presencia del padre que, gracias a Freud se escucha.

Es necesario retomar aquí el papel del padre y el mito de Tótem y Tabú porque de cualquier forma todos los padres en la neurosis tienen que ver con el padre de la Horda primitiva. Aquél omnipotente, dueño y poseedor de todas las mujeres para sí, padre de goce infinito (un padre sin estructura o, ¿un padre psicótico? Que los hijos deciden matar para evitar la prohibición, comerlo, incorporarlo. Es después de ese acto, que los hijos se asustan de lo que han hecho y retroactivamente se instituye la culpa y se instaura la ley, porque su asesinato refuerza su poder sobre los hijos a través de la culpa sentida y el cumplimiento hacia los mandatos de su ley: No al parricidio y no al incesto. Ahí la identificación hacia el padre puede darse en dos vertientes, en la prohibición de goce o, en el mandato de cumplimiento de ese goce prohibido. Por ello el neurótico está siempre en ese vaivén de culpa y transgresión.

Abordamos esto porque en la neurosis, el falo está más del lado del padre, mientras que en la perversión está posicionado del lado de la madre.

Pero, ¿y la madre del neurótico? La madre, proponemos, erogeniza el cuerpo de aquél que devendrá sujeto. Se hace presente el “deseo de la madre” y viene entonces el significante Nombre-del-padre que sustituye al deseo de la madre e inserta al sujeto en el mundo del lenguaje.

Das Ding, la cosa, en el sentido de lo perdido, en lo imposible de recuperar deviene en objeto a y es también de manera retroactiva cuando se instaura el deseo y la posibilidad de ser sujetos deseantes, ya que el deseo nunca se satisface, es por la falta que deseamos.

Surge la inevitable pregunta ¿cómo sucede lo anterior? Para contestar esto, nos viene muy bien el ejemplo de Carlos H. Jorge, sobre las necesidades y el deseo. El pequeño que aún no es sujeto, se encuentra en un estado de necesidad que debe ser satisfecho. Lo anterior se sitúa en el terreno meramente orgánico. Puede decirse que cuando ella, la madre, lo alimenta por primera vez, le habla, lo toca, es el único momento en donde la necesidad ha sido satisfecha sin mediación psíquica. Sin embargo esa satisfacción produce una reducción en el estado de tensión producido por la pulsión (esa propuesta freudiana que se encuentra ENTRE lo anímico y lo biológico), que se reactivará después, en otro estado de tensión, donde la madre u otro significarán si esas manifestaciones orgánicas son necesidades, es decir, el Otro es el que dice que es lo que el sujeto necesita. Una huella mnémica se liga a ese primer momento de satisfacción que a su vez lo confrontará con la pérdida que tratará de alcanzar a través de la demanda como expresión de deseo que ya no se satisfará nunca, porque ya ha sido escrito en el universo del lenguaje. El surgimiento del deseo depende entonces de ese primer momento, de esa primera experiencia perdida de satisfacción, el sujeto entonces se verá obligado a formular demandas (no olvidemos que toda demanda es una demanda de amor) para que su deseo sea escuchado e intenta vanamente colmar a través de los objetos y situaciones que desea. Pero lo único que no se satisface es el deseo, ya que está situado en otro terreno, en lo psíquico, por ello nunca habrá de satisfacerse con un objeto de la realidad y siempre se estará relanzando.

Es en ese sentido que aquél objeto que se cree perdido, porque en realidad nunca se tuvo, se convierte en objeto causa de deseo, en objeto a, por eso es que a través de las demandas se trata de satisfacer el deseo, cosa por demás imposible, porque el deseo va más allá de la necesidad, de tal modo que demanda y necesidad no podrán ser jamás iguales. Sin embargo cada vez que existe una frustración de amor, se compensa, dice Lacan en el seminario cuatro mediante la satisfacción de una necesidad, esto trae como consecuencia que si un objeto real que satisface una necesidad real ha podido convertirse en elemento del objeto simbólico, entonces cualquier otro objeto será capaz de ocupar su lugar, esto es, que si el niño se aferra al pecho es porque la madre le falta[1] Podríamos agregar que se empieza con una larga lista de sustituciones de la sustitución, de representaciones de la representación hasta llegar con la elección del objeto amoroso, digamos “conciente” donde se promueve una demanda insatisfecha cuya solución será siempre tener otro todo para sí, será conocido por el sujeto como amor. Alguien que colme ese hueco, que llene ese vacío.

Lo anterior y la estructuración subjetiva están indisolublemente ligados. En este sentido las estructuras clínicas se postulan como la “proton pseudos”, que plantea Freud en su Proyecto de Psicología para Neurólogos, ese primera mentira que intenta negar la castración por la vía de la represión en el caso de la neurosis. De manera simple, como se mencionó, puede decirse de otra manera que en la neurosis el recurso para negar la castración es la represión, el sujeto nunca sabe lo que quiere, duda siempre sobre quién tendrá el falo, de pronto cree que lo tiene pero lo duda y reniega de ello, ama el saber pero odia la verdad de la castración, de ahí que procure convencerse que hay Otro con mayúscula que lo tiene, por ello no quiere saber nada de esa falta.

Es así como en la neurosis obsesiva la falta se obstruye fallidamente por la represión, mecanismo que permite al individuo ser un sujeto del lenguaje y de la ley, y, sin embargo, será lo que lo torturará en su existencia.

Es entonces que se reconoce que al ser hablado, ser nombrado, ser tachado, el individuo se sujeta, se vuelve sujeto del lenguaje y de la ley aunque ese mismo acto trae consigo la propia negación de la castración, no puede pensarse una cosa sin la otra, se implica en la estructuración subjetiva.

Por lo anterior, es que el obsesivo vive la pérdida como falta, falta de la que se queja y no quiere saber nada porque entonces tendría que reconocer la pérdida. Sin embargo, “el neurótico sueña con la existencia de alguien que pudiera alcanzar el goce absoluto, pero no dejaría de horrorizarse ante la posibilidad de que este goce pudiera alcanzarse”[2]

Si pensamos en el Hombre de las Ratas, en la idea del regreso del padre muerto, la sola idea resultaría insoportable, un muerto de regreso observándolo, por ello hace de la demanda un deseo, amén de que el padre regresa más fuerte con su interdicción. Deseo de demanda del Otro, debe haber Otro que le demande a él, aunque lo odie y por supuesto lo ame. Prefiere siempre estar en la duda antes que admitir la certeza de la falta en el Otro, esto es característica también del Hombre de las Ratas, debía considerar las mociones de la dama como tiernas o quizá eran de otra manera ¿de qué otra manera qué fuera diferente a la ternura y al amor? Eso no lo pudo resolver porque implicaba sentirse no deseado, no pensado, no demandado por la dama amada, la duda permite entonces postergar cualquier acto que implique darse cuenta de que el Otro no lo es con mayúscula sino con minúscula, es decir, está en falta.

El neurótico con la postergación niega la castración del padre y le permite preguntarse a sí mismo ¿qué es un padre?, ¿es un buen padre? o ¿cómo debe ser un padre? Dudando siempre de su actuación como tal.

Con respecto al amor es pertinente la pregunta ¿Cómo ama el neurótico? Y después de la necesaria y obvia consideración del caso por caso, podemos decir que el neurótico quiere ser demandado para cubrir esa demanda. Esto puede ejemplificarse con las expresiones de “No sé cómo complacerla” o bien, “quisiera saber qué es lo que quiere”. Se preguntará siempre ¿qué se espera de mí en esta relación? Si el neurótico ha sido el falo de la madre, difícilmente podrá tener un pene para otras, será un eyaculador precoz o impotente. En ese sentido convierte a su mujer en su madre, quiere hacerla madre pero no mujer. Si es homosexual, ha desistido en la lucha con el padre y tendrá entonces una posición pasiva, entonces podrá ser poseído por un hombre. Puede amar donde no hay deseo erótico y desear donde no ama en el caso de tener dos mujeres o más, porque lo que está en juego no son los objetos amorosos, sino e amor hacia la madre temida-amada y el deseo hacia otra mujer se convertirá en objeto deseado y denigrado porque no es como su madre.

Siempre tiene el conflicto mujer-madre o más bien dicho madre-puta, la duda de ¿qué quiere una mujer? lo asedia, ¿cómo satisfacerla?, ¿qué decirle?, ¿de qué hablar?

Quizá se viva como un tercero excluido en donde los otros o las otras tengan que elegir en su lugar. Su mujer o mujeres son transportadas del altar de la idealización hasta la más burda humillación. Es sólo cuando una mujer objeto de su deseo se ve inaccesible, vuelve a ser objeto de su deseo, es decir, arregla todo, de tal modo de mantenerse en la imposibilidad de amar, es decir, en el goce superyoico y castigador.

Bibliografía

Freud Sigmund, Obras Completas, Ed. Amorrortu, Argentina ,2007 24 T.

Proyecto de Psicología, (1950 [1895]), T. I

Freud Sigmund, Obras Completas, Ed. Amorrortu, Argentina ,2007 24 T.

Nuevas conferencias de introducción al Psicoanálisis. (1917) T. XV

Freud Sigmund, Obras Completas, Ed. Amorrortu, Argentina ,2007 24 T.

A propósito de un caso de Neurosis Obsesiva. (1909) T.X

Lacan Jaques, Seminario IV, Las relaciones de objeto. Clase del 6 de febrero de 1957

Jorge Carlos (1997) Manías, dudas y rituale. Deseo, delirio y síntoma en la neurosis obsesiva, Barcelona, España, Ed. Paidós.

[1] Lacan J. El seminario IV, Las relaciones de objeto, clase del 6de febrero de 1957.

[2] Gerber D. (1997) Ficciones de verdad en, El laberinto de las estructuras, México, Siglo XXI editores


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